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    LA ACAMPADA

    Por: Bernardino Anguiano garcía (NINO).

    I

    Todos estaban muy contentos, ¡por fin era semana santa!, el autobús de tercera clase estaba a reventar. Ellos como muchos otros iban parados; señoras con sus hijos en brazos, señoras con bolsas de mandado, abuelas con redes repletas de cosas y uno que otro sinvergüenza eran los afortunados que disfrutaban de los asientos. Bolsas, bultos, niños, abuelas, señoras, viejos, y ellos con sus mochilas; todos apilados dentro; las ventanillas estaban abiertas pero el calor era sofocante; todos apretujados unos a otros… ¿Cuánto faltaba para llegar?.

    Cacho giró su cabeza a su izquierda y miró la frente sudorosa de Pedro, tenía una sonrisa maliciosa, delante de él, una muchacha de dieciséis años aproximadamente. A cada movimiento del autobús, Pedro se arrejuntaba más al protuberante trasero de la chica y haciendo como que se caía, le pasaba el brazo por la cintura.

    ¡Maldito suertudo! Pensaba Cacho- nadamás falta que se la coja aquí mismo. Volteó a su derecha y vio a José con la misma sonrisa de Pedro… Le estaba restregando su paquete en el hombro a una señora de muy buen ver que iba con su hijo en brazos. Más adelante, Luis hacía lo mismo que José, pero este con una gorda, le colocaba todo su miembro en sus grandes y gordos senos.

    ¡Malditos degenerados! Eran los pensamientos de Cacho al ver la sonrisa de satisfacción de sus amigos- ¡Estos son capaces de metértelo hasta por las orejas!… Y con este maldito calor, hace que a uno se le pare todo… ¡Qué suerte tienen estos desgraciados!… A mí me tenía que tocar este pinche viejo…

    Por más intentos que hago para no tocarlo, el movimiento del autobús y el viejo que esta aun lado de mí, con su maldito bulto de harina, me avienta hacia él… Nadamás siente mi potente instrumento y me mira con odio asesino… ¡Maldito vejete!…

    Cree él que me excita… ¡Estúpido, que no sabe que es el maldito calor!

    -¡¡Chofis, bajan!! Gritó Luis-. ¡¡Aquí en la entrada a El Porvenir!!

    Los cuatro bajaron entre empujones, y una vez abajo, vieron perderse el autobús en la carretera…

    -¿Y ahora, hacía donde vamos? Preguntó Cacho-. -Hay que caminar unos dos kilómetros para adentro para llegar al pueblito de El Porvenir Contestó Luis-. Ya en el pueblo, caminas aproximadamente otros cinco kilómetros para llegar al mejor lugar del río San Juan para pescar.

    -¡Puta Madre! Contesto Cacho- Aquí no hay ni un mendigo árbol y con este calor de los mil demonios; ni piensen que yo voy a pescar, yo vine a pasar una semana a toda madre, a acampar, a descansar… ¡Vine a descansar! Y ustedes me hacen caminar siete kilómetros, ¡Ya ni chingan!

    -Siéntete vaquero, hombre Contestó Pedro-. Imagínate que estas en el viejo oeste, que eres un pistolero famoso, y que estas atravesando un desierto… Y al final encontraras mujeres y vino… Y…

    -¡No seas mamón! Le interrumpió el Cacho- Que pinche oeste ni que la chingada, reconozcan que la cagaron… Hubiéramos ido a la cola de caballo; la verde vegetación, arboles, cascadas, valles hermosos, mujeres lindas, descanso y sobre todo mucha sombra…

    -¡Ya, dejen de discutir! Interrumpió José- Vamos a caminar, si no, nunca llegaremos.

    Llegaron al Pueblo con las camisas empapadas de sudor… Al llegar todo mundo les saludaba afectuosamente: Buenos días primos, Estén con Dios primos, Que les vaya bien primos…

    Primos para allá, primos para acá…

    -¡No sabía que tenía tantos familiares, tantos primos! Dijo Cacho, en un tono sarcástico-. -Es el saludo que se utiliza aquí en los pueblos, no seas pendejo le contestó Luis-. Cruzando el pueblo y otros cinco kilómetros y llegaremos, vamos.

    Habían planeado la acampada con tres meses de anticipación.

    Pedro, José y Cacho estaban de vacaciones en la escuela y Luis pidió la semana en el trabajo. El lugar fue lo que más discutieron para ponerse de acuerdo… Cacho quería ir a la cola de caballo, José acampar en la presa de la boca, Pedro se inclinaba por ir a Bustamante y Luis al río San Juan. Luis convenció a José de que en el rió San Juan había más posibilidades de pescar y como Cacho y Pedro no cedían en sus opiniones, ganó la mayoría; irían al río San Juan a pescar y a acampar.

    Ya tenían seis minutos de haber pasado el pueblo cuando oyeron unos cascos de caballos que se acercaban… Aparecieron dos caballos y arriba de cada uno de ellos, los policías rurales, hombres imponentes con su uniforme color kaki, el cinturón lleno de balas y atrás de éste unas esposas, a un lado del cinto una gran pistola; en la mano traían un rifle de grueso calibre; los sombreros vaqueros les servía de refugió para los calcinantes rayos del sol, tenían la piel curtida y gruesa y una mirada fría, lo mismo que su voz, pero esta disfrazada de cordialidad.

    -¡Buenos días muchachos! Dijo uno de ellos-. ¿De donde vienen? ¿Hacia donde se dirigen?.

    -Buenos días Contestó José-. Somos de Monterrey y vamos a pescar al río… Pero buscamos un lugar adecuado para hacerlo.

    -¿Y dónde es eso?

    -Unos cuatro kilómetros y medio para adentro…

    -Aquí hay muchas liebres para cazar… ¿Traen armas?… La caza es muy buena.

    -No señor. Contesto Luis-. Como le dijo mi amigo, sólo venimos a pescar… Traemos redes, atarrayas, cañas, etc. … Todo lo indispensable para pescar.

    -¡Mmmhh! Ya veo… De todas maneras tengan mucho cuidado… Han desaparecido varias personas y…

    -¡Que les vaya bien! Interrumpió el otro rural- ¡No dejen basura, no hagan fogatas y no causen destrozos!

    -No confíen en nadie volvió a señalar el anterior rural-. Y cuídense mucho.

    -¡Gracias! Dijeron Luis y José-. ¡Nos vemos luego!

    Los rurales siguieron su camino, discutiendo entre ellos.

    -¿Porqué no me dejaste que los previniera?… ¿Qué tal si estos también desaparecen?…

    -¡Ya no te preocupes!… Estos se ve que saben cuidarse solos… ¿A poco te creíste que no traen armas? Yo le alcance a ver a uno, un machete en su mochila…

    -Como quiera, insisto en que debimos advertirles.

    -¡Que no, hombre!… Además estos mendigos citadinos me caen gordos, jajaja, jajaja.

    Mientras tanto los cuatro amigos también comentaban lo ocurrido.

    -¡Maldito polizonte! Dijo Cacho- ¿Cree que somos pendejos? La caza es muy buena… Si como no, lo que quería es quitarnos las armas.

    -Cálmate, como quiera no traemos armas. Dijo Pedro-. -Y los cuchillos y el machete Contestó Cacho-. -Él se refería a armas de fuego…

    -¡Miren, una cerca de alambres de púas! Les interrumpió José- ¿A quien se le ocurriría cercar hasta este camino?… ¿Ahora por donde vamos a pasar?.

    -Vamos, hombre le contestó Pedro- ¿Cuándo nos ha detenido una cerca? El espacio entre cada alambre de púas era lo suficientemente grande, por lo cual no tuvieron dificultad en entrar. El área cercada era de quinientos metros de ancho por mil de largo. Dentro del terreno había diez toros Cebú y unas veinte vacas, los animales estaban en el extremo opuesto a ellos. Al momento de entrar, los diez toros voltearon a verlos.

    -¡Oigan, esos pinches toros nos están viendo muy feo! Dijo el Cacho, preocupado-.

    -Están muy lejos le contesto Pedro- Nadamás no corran y no pasa nada.

    Siguieron caminando lentamente, en silencio, pero sin perder de vista a los toros; éstos también los miraban fijamente. Los Cebú, empezaron a caminar hacia el extremo hacía donde se dirigían.

    -¡Estos malditos toros nos están cerrando el paso! Dijo Cacho preocupado-.

    -Los animales no piensan, Cacho. Contestó Luis-. Sigamos caminando, pero más rápido, para llegar al otro extremo de la cerca antes que ellos, y salir de aquí.

    -Tiene razón Luis. Dijo Pedro-. Es una coincidencia que los animales se dirijan para allá… Ya veras que no nos hacen caso y seguirán como si nada hubiera pasado.

    Siguieron caminando, pero a un paso más aprisa… Luis y Pedro también iban nerviosos por la presencia de los toros. Los toros también empezaron a caminar más aprisa y de seguir así, pronto se encontrarían.

    -¡Insisto, estos pinches toros nos quieren chingar! Dijo angustiado Cacho-.

    Ya nadie contesto… Seguían caminando muy aprisa. En eso el toro que parecía ser el líder emprendió la carrera hacia los cuatro amigos, y detrás de él los demás animales. Al ver esto, los muchachos también empezaron a correr a más no poder… Cacho era el que llevaba la mochila más pesada, por lo tanto era el que corría más lento.

    Pedro fue el primero en cruzar la cerca, le siguió Luis y después José… Cacho venía muy atrás. Los demás le empezaron a gritar.

    -¡Vamos Cacho! ¡Corre más aprisa, que te alcanzan! ¡Corre, corre! El pobre Cacho veía la cerca a unos diez metros, pero también sentía el bufido del toro en la nuca… Se tiró un clavado hacía la cerca, en el momento justo… Por poco y no escapa.

    -¡Por un pelo y te cuerna el toro Cacho, jajaja, jajaja! Le dijo Pedro-.

    -¡Te las viste negras! Dijo José, riendo-.

    -¡Malditas bestias! Contestó el Cacho todo arañado por las púas-. Bien nos lo dijo el rural, no confíen en nadie. Ya ni en los animales puedes confiar… Se los dije, que nos querían chingar estos pinches toros.

    Siguieron su camino, bromeando con el Cacho. Hasta que por fin llegaron a su destino.

    Al llegar instalaron la casa de campaña, cortaron leña y la apilaron para cuando necesitaran la fogata, se bañaron en el río y comieron.

    Bromeando y divirtiéndose, esperaban las sombras de la noche propicias para la pesca.

    II

    -¿Qué novedades me traen? Dijo el jefe de la policía rural, en un tono enérgico-.

    -Sin novedad, jefe. Dijo el rural llamado Esteban-. Estuvimos en los alrededores buscando pistas y nada… Interrogamos a los habitantes del pueblo y nadie escuchó nada, nadie sabe nada… ¡Es un misterio!…

    -¡Maldita sea! Exclamo el jefe- Ya no tardan en meter sus narices los malditos judiciales… ¡Esos malditos citadinos arrogantes, creen saberlo todo!…

    -Jefe… Interrunpió el rural Manuel-. Llegaron unos muchachos de la ciudad… Se veían inofensivos, al parecer vienen a vacacionar y a pescar en el río… Yo pienso que hay que vigilarlos, porque…

    -¡Esos citadinos, pueden cuidarse solos, Manuel! Dijo Esteban irritado-. ¿Porqué perder el tiempo con ellos?… Hay que seguir interrogando a los del pueblo, hasta sacarles algo…

    -¡Te falta malicia Esteban! Dijo el jefe-. Manuel tiene razón. Vigílenlos… ¡Quiero que me traigan pistas! ¡Quiero resolver este caso, antes de que lleguen los judiciales!… ¡Vamos muevan el culo!…

    -A la orden, jefe. Dijeron al unísono Esteban y Manuel.

    El jefe se quedó muy preocupado, mirando cómo se marchaban sus subordinados, su mente era un caos de preguntas que no tenían respuesta…

    Maldita sea Pensó-. A esto no se le ve solución… Veamos que tenemos: Las personas desaparecen, el sexo no importa, pues han desaparecido hombres y mujeres, niños y niñas. Todos los desaparecidos menores a treinta y cinco años… Pero, ¿porqué?… Si los han matado, ¿dónde están los cadáveres?; si los han secuestrado, ¿porqué no se comunican?… ¿Y si es por el trafico de órganos?… Puede ser, puede ser… ¿Y los cadáveres de ancianos que han aparecido a lo largo del río?… ¿Qué relación existe?… ¿existe relación?… ¿Porqué nadie reclama esos cadáveres? ¿Porqué no hemos tenido noticias de desapariciones de ancianos?… ¿Y porqué les cortan los dedos de las manos?… ¿Para no identificarlos?… Porque sin las huellas digitales, es imposible su identificación, al menos que alguien los reclame y proporcionen algunas pistas… Pero nada, ni una maldita pista.

    III

    -Que hermosa noche -exclamó Cacho-. Luna llena, aire puro, y este cielo bellamente estrellado… ¡Que felicidad!…

    -¡Que felicidad ni que la chingada! Ven a Ayudarnos a poner la red Le dijo José-.

    -¡Ni madres! Contestó Cacho-. Yo vine a descansar, les dije que yo no quería pescar.

    En eso cruza por el cielo una gran esfera de luz azul, a baja altura.

    -¡Hey, vieron eso!… ¿Qué sería? Preguntó Cacho-.

    -Parecía un aerolito Contestó Pedro-. Pero venía muy bajito…

    Parece que va a caer cerca de aquí…

    En eso pasaron cuatro luces más.

    -Lo que pasa Les dijo Luis-. Es que aquí en el monte no hay tanta luz como en la ciudad, y las estrellas y los aerolitos se ven mejor y parece que estuvieran muy cerca… ¡Vamos dejen de decir excusas y vengan a ayudar a poner la red!

    Luis cruzó el río, Pedro le aventó la red, Luis la fijó en el extremo del río. Mientras tanto Pedro hacía lo mismo en el otro extremo. José se metió al río para tensar la red y que no escapara ningún pez. El río no era muy profundo, les llegaba a la altura del pecho… José estaba por terminar de colocar apropiadamente la red, cuando empezó a gritar…

    -¡¡Auxilio!! ¡Aquí hay algo!… ¡Ayúdenme por favor!.

    -¿¿Qué te pasa?? Le gritó Luis-. ¿¿Qué tienes??

    -¡Aquí hay algo!… ¡¡Algo me mordió el pie!!… ¡No me puedo mover, Ayúdenme!… ¡Me está sangrando mucho!

    Todos estaban asustados, no sabían que hacer… No sabían que era lo que había mordido el pie de José.

    -¡Ayúdalo Cacho!. Dijo Pedro desesperado-.

    -¡Y yo por más pendejo! Contestó Cacho asustado-. ¿Porqué no lo ayudas tú?

    -¡Ni madre! Contestó Pedro-. ¿Qué tal si hay un pinche tiburón?…

    Luis ya había terminado de fijar la red, se lanzó al agua y llegó donde estaba José. Le pasó una mano sobre su hombre y le ayudó a salir.

    Mientras tanto Cacho y Pedro, solo miraban asustados. El pie izquierdo le sangraba mucho a causa de un vidrio de botella que se le había incrustado.

    -¡Tanto alboroto, por un mendigo vidrio! ¡Exclamó Cacho, un poco aliviado!.

    -¡Pinches miedosos! Les dijo José enojado-. ¿Porqué no me ayudaron?

    -¿Para que dices que te mordió algo? Contestó Pedro apenado-.

    Nosotros pensamos que era un tiburón o algo parecido.

    -Pudo ser un monstruo Exclamó Cacho-.

    -Que monstruos, ni que tiburones, ¡Ya ni la amuelan!… No hay tiburones en agua dulce y los monstruos no existen… ¡Se la bañaron!

    -Bueno, bueno. Dijo Pedro-. No te pasó nada, solo es una cortadilla; lo que pasa es que eres muy sangrón… Dale un trago a la botella de vino… A la otra te metes con los zapatos puestos.

    -Pues ustedes hay le siguen. Les dijo Cacho-. Yo después de tantas emociones, ya me dio sueño… Hay la vemos luego, me voy a dormir.

    Siguieron platicando; de tanto en tanto, Luis y José se metían al agua a checar si había algún pez atrapado; siguieron tomando, hasta casi acabarse la botella.

    IV

    Cuando Miguel abrió los ojos, solo vio como el pasto se introducía en su boca, estaba boca abajo, quiso incorporarse y no pudo. Todavía estaba mareado por el brebaje que había tomado y que él estúpidamente creía que era vino. Estaba amarrado de las manos y las tenía en la espalda; también sus pies estaban amarrados. Alzó la cabeza y pudo ver a un lado a su esposa, estaba al igual que él, desnuda, y amarrada en forma similar, todavía estaba bajo el efecto de alguna droga; después ya más despejado vio a su hijo y a su hija, desnudos, recostados en la hierba, amarrados de pies y manos.

    Miguel giró su cuerpo para voltearse, en ese momento, todo el cielo se iluminó, y vio como una enorme esfera de luz azulada bajaba a gran velocidad del firmamento, al llegar a tierra, a uno diez metros de distancia; la luz lo cegó, unos segundos más empezó a desvanecerse lentamente y vio con terror como de la luz se iba formando un hombre de largos cabellos y muy delgado.

    Después vio otra luz igual de intensa que provenía de lo alto y se posó con suavidad en el suelo; y al igual que la anterior, poco a poco se fue desvaneciendo hasta convertirse en una hermosa mujer.

    Miguel todavía estaba bajo los efectos de la droga, miraba alucinado todo a su derredor, escuchaba murmullos de las personas ahí presentes, que eran diez mujeres y quince hombres… Todos estaban desnudos, platicaban y reían muy animados… En eso una mujer vio que estaba despierto y se dirigió hacia él… En ese momento fue cuando la reconoció.

    -¡Miren compañeros! El infiel ya despertó, ¡Jajaja, jajaja!…

    ¡Hola Miguel! ¿Todavía quieres coger conmigo?, ¡Jajaja, jaja!

    Por fin su atrofiada mente empezó a aclararse, a recordar…

    Esther, era Esther. Era una forastera que le pidió pasar la noche en su casa a cambio de unos pesos, su novio la había plantado, solo una noche, ya que al día siguiente pasaría el autobús y podría irse, solo una noche, le dijo… Pero desde que se instaló, no desaprovechó ningún momento para seducirlo, y cayó fácilmente en la tentación… Vamos al monte, quiero ser tuya… En el monte tomó un trago de una cantimplora que ella le ofreció, parecía vino, pero… ¡Era una especie de droga!…

    ¿Pero que hace su familia aquí?…

    -¡Hay Miguelito, Miguelito! Si qué eres estúpido, ¡Jajaja, jajaja! ¿Qué crees que hace tu familia aquí? ¡Jajaja, jaja! Tu mujer y tus hijos no despreciaron una buena taza de café que su inocente inquilina les ofreció, ¡Jajaja, jajaja!… Tu mujer va a saciar los deseos sexuales de todos los que ves aquí, ¡Jajaja, jajaja! O sea, se van a coger a tu linda mujercita y tus hijos correrán la misma suerte, ¡jaja, jajaja!

    Vas a presenciar una verdadera orgía, de sexo y sangre, ¡Ja ja ja ja ja ja!

    Ya en esos momentos su esposa y sus hijos, habían despertado y lloraban a grito abierto, suplicando que los soltasen, ante las risas burlonas de los ahí presentes. Miguel sintió que se hundía en el infierno cuando su mujer lo miró con una mirada de suplica, de interrogación, de ayuda… Sus hijos gritaban que los ayudase… Pero ¿¿Cómo?? ¿¿Qué podía hacer?? ¿¿Porqué ellos??… Y empezó a suplicar, a gritar que soltasen a su familia, que a él le hicieran lo que quisieran, pero a su adorada familia que la dejaran en paz… Como respuesta, solo escuchó las carcajadas de los presentes.

    Miguel observó con horror como varios hombres con inmensos penes, duros como la roca, se acercaban a su esposa e hija, las empezaron a besar por todo el cuerpo, al principio ellas gritaban, pero los hombres sabían como hacer gozar a una mujer, sabían donde besar y como hacerlo, y en poco tiempo los gritos se convirtieron en jadeos de satisfacción.

    Varias mujeres hicieron lo mismo con su hijo de tan solo doce años y al igual que su esposa e hija, pronto empezó a disfrutar de las caricias que las mujeres les hacían.

    Miguel estaba desesperado, lloraba de rabia y maldecía su suerte… En el momento de desatar a su familia, ya no escucho protestas, solo gritos de satisfacción y las malditas risas de las personas que violaban a su familia… Pronto vio con horror como era desvirgada su hija de diez años y como su mujer contendía con seis individuos a la vez… Los gritos de su hija al ser desflorada, le taladraron el cerebro, ya no podía soportar más; cerró los ojos, en ese momento fue levantado bruscamente por el hombre de pelo largo que había visto al principio, era muy delgado, pero era muy fuerte también, le puso la mano en la nuca y le desató, quiso luchar pero la presión de los dedos que sentía en la nuca le producían descargas eléctricas que le impedían moverse, oponer resistencia.

    Lo llevó hasta un altar que estaba en medio del claro del bosque, una gran piedra rectangular; ahí le obligo a poner sus manos sobre la gran piedra… Él seguía sin poder mover un músculo. Se acerco otro hombre con una daga muy larga y filosa.

    Le sujetó el dedo meñique y con la daga lo cortó de un tajo.

    -¡¡¡AAAAAAYYYYYYYYYY!!! Gritó Miguel-. ¡¡¡Por su mamacita ya déjenme!!! ¡El dolor es insoportable!… ¡¡¡AAAAAGGGGGHHHH!

    -¡Jajaja, jajaja ¡ Aguanta pedazo de mierda, que apenas empezamos!. Le siguió el dedo anular, y el dolor, ese dolor, era inmenso, pensó que se desmayaría, pero no, seguía sintiendo ese dolor infinito… Sus gritos eran aterradores.

    La esposa de Miguel lloraba al verlo sufrir, quería ayudarlo, pero…

    ¿¿Cómo??… No podía soportar verlo sufrir, cerró los ojos y solo sintió el bombeo de los penes en su ano y en su vagina, al mismo tiempo dos penes más se situaban en su boca, reemplazaban a los anteriores que se habían corrido en su boca. Su cerebro estaba a punto de estallar en la locura, escuchando los gritos de su marido, los gemidos de su hijo y las carcajadas de los violadores cuando gritaban: -¡Hey miren! Esta nenita ya tiene los hoyos más abiertos que una vieja prostituta, ¡Jajaja, jajaja! En un instante Todos dejaron a su presa y se dirigieron al altar, cuando estaban a punto de cortar el último dedo de las manos de Miguel.

    A Pesar de estar solas, y ya sin ataduras, no podían mover un músculo, fueron tantos orgasmos desatados, que estaban muy débiles para escapar.

    Cortaron el dedo y los acomodaron junto a los demás dedos en un extremo de la piedra… Los gritos de dolor de Miguel, era el fondo aterrador de ese aquelarre, las carcajadas de los participantes eran estruendosas. Empezaron a realizar cánticos extraños e invocaban a un ser demoniaco.

    -¡¡Asther, Asther!! Gritaban todos con sonidos guturales… Apareced a tus fieles seguidores… Venid de la novena dimensión, dónde el infierno es realidad… Tenemos alimento para ti… ¡Asther, Asther, apareced!…

    El brujo, nunca soltó a Miguel de la nuca y lo levantó… Todos pasaron a beber la sangre que se derramaba a chorros de sus mutilaciones. El brujo le acostó boca abajo en el altar y tomando con la mano derecha un palo de un metro y medio, afilado de la punta, lo colocó en el ano de Miguel con mucho cuidado, calculando la dirección… Miguel presentía lo que seguía, ya no podía gritar, estaba helado de espanto… El brujo presionó con fuerza y las entrañas de Miguel se desgarraron dando paso al duro intruso…

    -¡¡¡AAAAGGGGHHHH!!! ¡¡¡Piiiieeeedaaaad!!!!

    Otro empujón y entró medio metro… A pesar del inmenso dolor, Miguel ya no pudo gritar, sintió el palo invasor atravesar toda su columna vertebral, una bocanada de sangre salió de su boca y nariz, los ojos se le llenaron de sangre… Se sentía lleno, respiraba con dificultad…

    Otro empujón… Otra bocanada de sangre, las lagrimas rojas resbalaban por sus mejillas… Otro empujón más y todo el palo se incrustó.

    La esposa de Miguel observó aterrada la cruel escena y un desgarrador grito brotó de sus labios al ver como salía el palo por la boca de su esposo y como en la punta estaba la lengua que había sido arrancada de tajó… Su mente no soportó más y se desmayó… Sus hijos ya habían perdido la razón, solo estaban temblando y riendo con la mirada perdida…

    Miguel seguía vivo, su respiración cada vez más lenta. Sentía que sus pulmones habían estallado, la sangre seguía brotando por su destrozado ano y por su boca… Solo era cuestión de minutos y todo acabaría, se acabaría el sufrimiento, el dolor… Vio a su esposa y a sus hijos… Y exclamó en su pensamiento: Dios apiádate de nuestras almas…

    Mientras las brujas y brujos, reían a carcajadas invocando a su demonio: ¡¡¡Asther, Asther, apareced!!!

    V

    A Cacho se le abrieron los ojos de espanto… Del río salían borbotones de agua, algo inmenso iba a salir… Mientras escuchaba el eco en sus oídos: ¡¡¡Asther, Asther, apareced!!!.

    El monstruo que salió del río era inconcebible, dos metros de alto, gruesos brazos y piernas, tenía cuerpo de una persona enana, pero con una altura de dos metros; su piel era verde, llena de escamas; tenía la gigantesca cabeza de un pez bagre, tenía unas gruesas branquias en los laterales del cuello; y unas uñas inmensas, afiladas.

    De un salto vertiginoso, sujetó la cabeza de Luis con la mano derecha y con la izquierda agarró la cabeza de José… Cacho y Pedro estaban paralizados por el terror… Cacho miró claramente como el monstruo cerraba su gigantesca mano, vio como las afiladas uñas de la bestia se introducían en el cuello de sus amigos y escuchó sus gritos, sus lamentos… Esos gritos aterradores que le golpeaban en las sienes.

    -¡¡¡Piiiiiiieeeeeedaaaaad!!!!! ¡¡¡AAAAGGGGGHHH!

    Un fuerte tirón del monstruo y las cabezas quedaron es sus manos, más no así sus cuerpos que salieron despedidos a unos metros del monstruo y le dieron en la cara a Cacho que empezó a gritar desesperado.

    -¡¡Noooooo! ¡Lárgate de aquí! ¡¡No puede ser cierto, Dios mío!!… ¡¡No puede ser cierto Pedro!!…

    El monstruo sujetó con ambas manos los hombros de Cacho y lo empezó a estrujar con una violencia terrible… Cacho ya no pudo aguantar más…

    Gritó, su voz le salió del alma, gritó lo más fuerte que pudo.

    -¡¡¡¡NNNNNNNOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!

    -¡Maldita sea! Gritó Pedro-. Lo van a oír… Cacho, Cacho; Ya cállate, nos van a oír… ¡Ya despierta!…

    -¿¿He?? ¿¿Qué pasa?? Dijo Cacho-.

    Todavía temblaba de miedo, y su cerebro no se aclaraba del todo… Vio a Pedro estrujándolo y aun lado de él, estaba José y Luis, tenían la mirada de preocupación.

    -¡Ya despierta! Le gritó Pedro-. Estabas soñando.

    -¡Puta madre! Exclamó Cacho-. Tuve una pesadilla espantosa…

    Soñé al monstruo de la Laguna Verde, y…

    En eso escucharon un grito desgarrador: ¡¡¡AAAAGGGGHHHH!!!

    ¡¡¡Piiiieeeedaaaad!!!!.

    -¿¿Qué fue eso?? Preguntó Cacho, todavía estaba asustado a causa de la pesadilla y ahora esto-.

    -Es lo queríamos decirte, ya hace rato se escuchan lamentos, voces, risas Le comentó Pedro-. Es mejor echar un vistazo, a ver que esta pasando.

    Luis y José, afirmaron con la cabeza… estaban asustados…

    Nunca habían creído en lo sobrenatural, pero estos horripilantes lamentos, les enchinaba la piel Los cuatro se dirigieron hacia donde provenían los gritos.

    VI

    -¡Manuel! Dijo angustiado Esteban-. ¡Avísale al jefe, que se vengan todos de la comisaría… ¡Estos malditos están en un rito satánico! Y lo más seguro es que maten también a la mujer y a los niños… ¡Pero muévete, no se nos vayan a pelar estos desgraciados!

    -Esta bien Contestó Manuel-. Pero no vayas a ser ninguna tontería, espera a que lleguemos… ¡No me tardo!..

    Esteban vio como su compañero se perdió entre la maleza. Su corazón latía fuertemente, estaba muy enojado por las imágenes que acababan de presenciar. No podía dar crédito a tanta maldad.

    Malditos Pensaba Esteban-. Como pueden ser tan crueles…

    Quisiera ir ahorita mismo y partirles su madre… Pero son demasiados y pueden estar armados… Fue una suerte que al vigilar a los citadinos, encontráramos a estos malditos asesinos… Estos desgraciados son los causantes de las desapariciones… Malditos adoradores, ya pronto pagaran sus fechorías… Sólo espero que no lleguen demasiado tarde mis compañeros, y podamos salvar a la mujer y a los niños.

    Esteban seguía escuchando las invocaciones de las brujas, se aguantaba las ganas de acribillarlos ahí mismo. A pesar de estar acostumbrado a las más terribles experiencias, de haber visto cadáveres mutilados, atropellados, escenas espeluznantes… El ver al pobre hombre empalado, le producía escalofrío, y sentía el dolor como suyo, como si él fuera el que estaba sufriendo el castigo.

    VII

    -¡¡¡Asther, Asther, apareced!!!

    -¡Miguel, por que no hablas! Le gritó una bruja-. Te comieron la lengua los ratones, ¡Jajaja, jajaja!… o te la comieron los palos, ¡ja ja ja ja ja ja!… ¡Mírate, hombre, estas echo una piltrafa!.. ¡Veamos a ver si se te para todavía! ¡Jajaja, jaja!

    La bruja se arrodilló hasta donde estaba el flácido pene de Miguel… y se lo metió a la boca… Le daba fuertes chupetones… Mientras el brujo le movía el palo de abajo hacia arriba, produciéndole unos dolores tremendos… Miguel no se explicaba como era posible que viviera todavía.

    ¡¡Dios mío!! Pensaba Miguel-. Dame la muerte, ya no permitas que sufra más… ¡Por piedad, ten compasión de mí!

    -¡Esta maldita cosa no se para! Exclamó la bruja-. ¿Para que la quieres, si no funciona?

    Le dio una fuerte mordida y le arrancó su miembro… Miguel ya no gritaba, solo producía unos sonidos guturales, pero sentía el dolor…

    La bruja masticó el pedazo de carne, saboreando con extrema glotonería, tenía la boca llena de sangre… Cuando terminó el último bocado, se relamió triunfante los labios ante el griterío de sus compañeros.

    -¡¡Viva Esther!! ¡jajaja, jajaja! ¡Cómo te gustan los penes, mujer!

    ¡Eres una puta! ¡Jajaja, jajaaja!

    Otra Bruja se arrodillo ante Miguel para succionar, con avaricia, la sangre que derramaba de su entrepierna.

    -¡Hermanos! Gritó el Brujo que estaba atrás de Miguel-. Gocemos de los placeres de la carne, gocemos de la lujuria, que el sexo impere en nuestras vidas… ¡Gozad de los placeres hermanos!

    Antes de que llegue ¡Asther!.

    Tres brujos se apoderaron de la esposa de Miguel, otros tres de la hija… Mientras tanto dos brujas gozaban del joven hijo…

    Los demás formaron una gran rueda, donde todos copulaban, lo hacían con un ímpetu infernal… Las brujas verdaderas ninfómanas y los brujos unos auténticos sátiros… El olor a sexo inundó los alrededores y los gemidos de placer y las risas burlonas rompieron el sonido de la noche de plenilunio.

    VIII

    -¡Shiiit! Dijo Pedro-. No hagan ruido, ya estamos muy cerca.

    Siguieron caminando y unos metros más adelante vieron el dantesco espectáculo.

    -¡En la madre! Dijo Cacho-. ¡Es una orgía!… Miren todas esas viejas en pelotas… ¡Se ve que están bien buenotas!

    -¡Vaya con las pueblerinas! Dijo José-. Y yo que me quería casar con una de rancho… Estas son más putas que las de la ciudad.

    -¡Vamos hay que estar más cerca! Exclamó Luis-. Esto hay que contemplarlo detenidamente… Pero hay que tener cuidado de que no nos vean.

    -¡Miren aquel árbol! Dijo Pedro-. Vamos a subirnos a él, desde ahí podremos mirar sin ser vistos; y es lo más cercano que hay.

    Se movieron sigilosamente, hasta llegar al árbol, treparon con mucho cuidado para no ser vistos ni escuchados.

    Cuando estuvieron arriba, y observaron hacía el claro donde estaba la orgía… En ese momento descubrieron al hombre empalado, la sangre que brotaba en ocasiones de su boca cuando tosía, miraron con horror la mirada de ese pobre hombre, mezcla de odio, sufrimiento e impotencia…

    En ese momento toda la excitación que sentían se vino abajo, fue como un cubetazo de agua fría.

    -¡Ya vieron al hombre que esta ahí! Dijo Cacho en voz baja-.

    -¡Shiit! Dijo Pedro-. Cállate, nos van a oír… Esto es una misa negra o algo por el estilo. Esta dibujado un pentagrama alrededor de la piedra donde esta… ese… hombre.

    -¡Ya cállense! Dijo Luis en voz baja-. Miren lo que le hicieron a ese hombre, ¿quieren que nos pasé lo mismo?… Mejor vamonos.

    -¡Quieres que nos descubran! Dijo Cacho-. Yo no me muevo de aquí, ¡Ni ustedes tampoco!… No voy a correr ese riesgo.

    Y permanecieron ahí, ocultos, con la respiración agitada, su corazón parecía un tambor en una jungla, lo escuchaban tan fuerte que pensaban que los iba a delatar… Se maldecían ser tan pecaminosos, por culpa de la lujuria estaban tan cerca de esas personas malvadas y ahora no se podían mover, no debían moverse, pues podrían delatarse. Solo tenían que esperar a que todo pasará, y rogar a Dios que no los descubrieran.

    Los minutos que permanecieron arriba del árbol, se les hicieron eternos, tenían las piernas dormidas, pero seguían en la misma postura, no movían ningún músculo, solo su respiración los traicionaba…

    Contemplaban la gran orgía que se desarrollaba cerca de ellos, pero no sentían nada, solo pedían a Dios que terminasen y se largaran de ahí lo más rápido posible.

    IX

    -¡Al fin! Gritó Esteban-. Creí que no vendrían nunca Llegaba Manuel con su jefe y un pelotón de veinte rurales más. Todos se movían con precaución para no hacer ruido alguno, los caballos los habían dejado un kilometro atrás.

    -¿Cómo va todo Esteban? Dijo el jefe de los rurales-. Ya Manuel me informó de la situación.

    -¡Igual Jefe!, el hombre parece que ya murió, la mujer y los niños los están violando en este momento… ¡Es el momento, jefe!… Podemos salvarlos.

    -Bien, bien. Dijo el jefe-. Hay que rodearlos; a mi orden, los detenemos… El que se resista, lo maten inmediatamente… ¡No hay que correr riesgos!… Pueden ser peligrosos. ¡Vamos muévanse!

    ¡Por fin! Pensó el jefe de los rurales-. Una que les gano a los malditos judiciales… Ya veo mi nombre, el honor, quizá hasta me aumenten el sueldo o consiga un buen hueso con el gobernador.

    Todos se colocaron en posición. Solo esperaban las ordenes de su jefe.

    X

    -¡Hermanos, ha llegado la hora! ¡El maestro vendrá a darnos fuerza, vitalidad y juventud!

    Colocaron a la esposa de Miguel en el centro del altar, a su hijo al lado derecho y a su hija en el lado izquierdo. Todos formaron un círculo y empezaron a cantar una melodía extraña.

    -¡¡¡Asther, Asther, apareced!!! Matra, muéstrale el camino…

    Raaaa, abre la puerta… Morgaan ceder el paso a Asther…

    ¡¡¡Asther, Asther, apareced!!!

    Todos los demás, empezaron a gritar de alegría: ¡¡Ya viene!! ¡¡Ya viene!!…

    Un grito rompió la concentración de los integrantes de aquel rito.

    -¡¡¡Nadie se mueva, hijos de su pinche madre!!! ¡¡¡El cabrón que se mueva, se muere!!! ¡Quedan todos detenidos!

    -¡Ya se los llevó la chingada! Exclamó Cacho-. Hasta que la policía hace algo bueno, ¡Jajaja, jajaja!.

    Pedro, José, Luis y Cacho; se abrazaron felices.

    Esteban y Manuel avanzaron hacía los desnudos hombres… El brujo que parecía ser el jefe, se iluminó y voló hacía un árbol… Los demás empezaron a maldecir y a correr de un lado hacía otro… Un brujo saltó y se puso al frente de Esteban, levantó su mano y soltó una especie de rayo que fulminó el cuerpo del rural… Una bruja le disparó una luz intensa a Manuel, quien cayó muerto en un instante… Los demás empezaron a gritar.

    -¡¡¡Asther, Asther, apareced!!! ¡¡¡Ayúdanos Asther!!!

    Sonaron 3 disparos, el brujo que había matado a Esteban, cayó con la cabeza desecha por el escopetazo. La bruja que mato a Manuel, también se desplomó con el pecho desecho. A su lado otro brujo también murió.

    -¡El cabrón que se mueva se muere! Gritó nuevamente el jefe de los rurales-.

    En ese momento el cielo se oscureció, varios relámpagos lo iluminaron, los truenos se escucharon imponentes, callando todo el griterío de los brujos y brujas… del altar, empezó a emerger una niebla densa que cubrió unos ocho metros de ancho por otros tantos de alto… Una extraña luminosidad se observaba atrás de la niebla… Cuando la niebla se disipó, apareció Asther.

    Un ser de cuatro metros de alto, una enorme cabeza de enormes protuberancias, no tenía pelo, la nariz ancha y la boca saltada como los perros, infinidad de enormes dientes filosos, y una enorme musculatura por cualquier lado que se le mirará… Cuando dio un paso, todo el suelo se cimbró… ¡Era espeluznante!.

    Varios rurales, dejaron caer sus armas, por el espanto causado por el ente que tenían enfrente… Otros dispararon sus armas, pero no hacían daño al ser infernal… El ser emitió un gruñido tenebroso, grotesco…

    Y alzando sus enormes manazas, desprendió una intensa luz que iluminó todo a un kilometro a la redonda… Al terminar la luz, los policías rurales ya no estaban, habían desaparecido, solo estaban sus uniformes y sus armas en el suelo… Fueron fulminados por esa extraña energía.

    La risa se les borro de la cara, a Cacho y a sus amigos…

    Volvieron a su estado rígido, sin moverse, solo la respiración agitada y uno que otro pequeño gritito traicionero, al no poder contener la respiración… No movían ni un solo músculo.

    Las brujas y brujos empezaron a reunirse alrededor de Ashter, la esposa de Miguel y sus hijos, seguían tendidas en el altar de piedra, estaban desmayadas, no se dieron cuenta de nada… Todos empezaron a gritar de alegría.

    -¡¡Viva Asther!! Decían-. ¡¡Viva Asther!! ¡jajaja, jajaja!

    -¡¡Hijos míos!! Dijo el extraño ser, con una voz ronca, gutural, tenebrosa-. Dadme mi alimento y prepárense a recibir el elixir de la juventud, de la vida, de la fuerza.

    El que parecía el jefe de los brujos, se acerco y sujetando el palo que atravesaba a Miguel, se lo ofreció al ente infernal.

    -¡Aquí lo tienes Asther! Le dijo-.

    Miguel estuvo consiente de todo, ya no sentía dolor, todo su cuerpo lo sentía dormido, solo le molestaba la respiración, que era casi nula, de vez en cuanto arrojaba bocanadas de sangre. El tener al demonio de frente, casi pegado a su cara, le provocaba un extraño temblor, difícil de describir… Ya no temía morir, pero al ver al ser demoniaco, le horrorizaba perder su alma.

    ¿¿Porqué permites esto, Dios?? Pensaba Miguel-. ¡Apiádate de nuestras almas!

    El demonio sujetó a Miguel de la cintura, le extrajo el palo de su cuerpo y abrió su enorme hocico y arrancó de una mordida la cabeza; la mastico tres veces y la tragó. Otra mordida y desapareció el brazo derecho y una parte del pecho, mastico tres veces y lo tragó, y así hasta desaparecer el cuerpo de Miguel.

    -¡¡Maestro Asther!! Dijo el jefe de los brujos-. Aquí tienes a nuestros compañeros que fueron asesinados… Estoy seguro que ellos querrían ser alimento tuyo… ¡Complace su ultimo deseo!

    Asther levantó el cadáver de una bruja y de dos mordidas, desapareció… Igual suerte corrieron los otros dos cadáveres de los brujos.

    -¡¡Dadme mi pago, por el elixir que les daré!! Ordenó Asther-.

    Los brujos le ofrecieron los dedos de Miguel… Luego se dirigieron hacia donde estaban sus hijos y su esposa y les cortaron todos sus dedos… A pesar de estar desconectados ya de este mundo, aullaban de dolor… Se los ofrecieron a Asther.

    Asther tomo los dedos mutilados y los guardó en una bolsa de piel que traía en su trusa.

    -¡Prepárense hijos míos! Dijo Asther, con su horrenda voz-.

    Todos se arrodillaron y esperaron.

    Asther posó sus manos sobre las cabezas de la esposa de Miguel y sus hijos y murmuró unas extrañas palabras. De sus cabezas se empezó a levantar un extraño humo color amarillo que fue circulando por el ambiente hasta llegar a las narices de los ahí presentes… Todos empezaron a aspirarlo… El extraño humo llegó hasta donde estaban Cacho, Pedro, Luis y José… Con el miedo que tenían, respiraban con fuerza y empezaron a aspirar el extraño humo también.

    Por suerte nadie se percató de su presencia… El olor era agradable, olía a rosas, la sensación era hermosa.

    Al despedir poco a poco el humo, la esposa de Miguel y sus hijos empezaron a envejecer rápidamente… Cuando ya no salía humo, sus cuerpos se desplomaron sin vida, sus cuerpos eran de personas ancianas, aparentaban ochenta y cinco años aproximadamente.

    -¡Hijos míos! Exclamó Ashter con su estruendosa voz-. ¡Espero vuestra invitación a comer en próxima ocasión! ¡Jajaa, jajaa!

    Así como vino, desapareció… Los brujos y brujas empezaron a iluminarse y a convertirse en esferas de luz y volaron lejos de allí.

    Los cuatro amigos, temblando de miedo, esperaron arriba del árbol, hasta que amaneció… Descendieron del árbol como autómatas, regresaron a su casa de campaña, tomaron sus cosas y se fueron de ahí rápidamente.

    Seis meses después…

    -¡Pedro!… Quiero hablar contigo.

    -Si Cacho, dime.

    -Oye, en estos seis meses no has sentido como que eres más ágil, más fuerte… más joven.

    -¡Sí!… ¿Tu también?… Yo pensaba que nadamás a mí me pasaba.

    -Y también a Luis y a José les pasa lo mismo, ya hablé con ellos…

    Pero últimamente sentimos que el efecto está pasando… ¿Tú también sientes deseos de… extraños? ¿Oyes voces?

    -¡Sí! Dijo categórico Pedro-. Tengo deseos de matar, de torturar y esas voces que dicen: ¡¡¡Asther, Asther, apareced!!! Matra, muéstrale el camino… Raaaa, abre la puerta… Morgaan ceder el paso a Asther…

    ¡¡¡Asther, Asther, apareced!!!

    FIN.

    Escrito en November 1, 2021
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