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    Muere

    ¡Aaahhh! Se escuchó en el apartamento 7a del motel “La Rosa roja” de la calle del Álamo.

    Un grito tan profundo y espantoso que hizo estremecerse a todos aquellos que lo escucharon. Era el grito de una chica joven, un grito que parecía arrancado de lo más profundo de sus entrañas… sí, exactamente de allí era de donde procedía.

    Aquél hombre, en quien ella había confiado unas pocas horas antes, se dedicaba ahora a infligirle los más duros tormentos. Allí, tumbado en la cama, sin más ropa encima que unos calcetines verdes que su madre le había regalado las Navidades pasadas, yacía su cuerpo, más muerto que vivo, pero en cualquier caso consciente de todo lo que él le hacía. Un cuerpo bañado en mil tonos distintos, desfigurado, golpeado, amoratado, violado, desgarrado por su sed de sangre.

    Las muñecas atadas a la cama por un trozo de sedal con el que no hace mucho él solía ir de pesca…. En los brazos, miles de profundas incisiones que él le había hecho con esa cuchilla, sí, esa brillante cuchilla que podía sentir fría como el hielo mientras rebanaba su piel y cuyo reflejo iluminaba las paredes de aquel mugriento cuartucho de motel.

    Le dolía todo el cuerpo. Y veía como un enorme charco de sangre se iba formando a su alrededor, apenas podía respirar….pero él hacía todo lo posible para que ella siguiera consciente; Eso era lo que le proporcionaba placer. Sentía un subidón de adrenalina tan fuerte cada vez que apreciaba el dolor reflejado en su rostro, cada vez que sentía el miedo en su respiración, el pánico en sus ojos, desorbitados, abiertos como platos, moviéndose lo más rápido posible, escuadriñando la manera de escapar de la situación…

    Sí, eso le llenaba de placer y notaba como su excitación iba creciendo… Ya la había violado más de cuatro veces y lo hubiera hecho otras tantas de no ser por el estado tan lamentable que presentaba ella…el último corte que le había producido era tan profundo que incluso podía asomarse y verle las entrañas.

    Se paró de pié, junto a la ventana. Estaba pensativo…

    Ella en la cama, medio muerta sollozaba: “Por favor, déjame ir… ya has disfrutado.. por favor no me mates, por… favor… no lo hagas.”

    Él, escuchó atento sus palabras y de repente una ola de rabia, odio, furia y dolor se apoderó de él, se acercó violentamente a ella y la golpeó un buen rato con todas sus fuerzas. Con aquellas palabras la chica le había recordado a su primera víctima: una joven de unos 23 años más o menos que había conocido 2 años antes en una cafetería y con la que había pasado una noche estupenda… sí, hasta que de repente aquellas voces comenzaron a resonar en su cabeza y perdió el control.

    “Hazlo, no se merece vivir, no es más que una zorra, mátala, mátala, mata…”- Dios, aquellas voces no dejaban de retumbar en su cerebro, y solo conseguía acallarlas cuando asesinaba a alguna de esas mujeres…

    La chica estaba inconsciente debido a la tremenda paliza que él le acabada de propinar. Seguía en la misma postura, inmovil, parecía un cadáver y él comenzó a pensar que lo era. Se acercó a ella y se paró a observar su obra. Joder, era repugnante, sintió náuseas y notó como el vómito le surcaba la garganta. Un olor nauseabundo a sangre coagulada inundaba la habitación, era tan penetrante que ni siquiera cuando abrió las ventanas de par en par logró zafarse de él.

    Entonces se dio cuenta de que la chica no aguantaría mucho más y la agarró de los hombros para intentar reanimarla. Joder! que asco le daba aquél pedazo de carne sangrante que había encima de su cama…

    La chica reaccionó, primero un espasmo, luego otro y otro más y por fin abrió los ojos. Ya no tenía ni fuerzas para hablar, un leve suspiro salía de sus labios, amoratados por la sangre perdida. La herida del estómago dejaba entrever los intestinos, los riñones, el hígado, etc. Todos ellos prácticamente secos porque la sangre era ya más parte del colchón que de su propio cuerpo. Él la miró y pensó: “Joder como resiste la condenada, ya debía haber muerto desangrada…” Pensó en terminar con el juego y rematarla, pero ¿como? la apuñalaria? la ahorcaría? o la ahogaría con sus propias manos? no, tal vez lo mejor sería un disparo, algo rápido porque en el estado en el que se encontraba ya no disfrutaba de ella. Ya no gritaba, ni lloraba, ni siquiera reflejaban miedo sus ojos. No, su expresión había cambiado, ahora su rostro reflejaba paz, sosiego….el sosiego del que espera a la muerte porque sabe que es la única salida.

    Sí, un tiro en la frente… ¡¡¡BANG!!!

    Un reguero de sangre recorre su cara, pálida como una rosa blanca, la mirada perdida, las manos abiertas…

    Una lágrima cae por su mejilla.

    Él está de pié, se acerca a la ventana y se enciende un cigarro. Pasa un rato así, mirando a la gente bajo su ventana.

    Se escucha un rumor que se hace cada vez más fuerte: “Mátalas, mátalas a todas, no merecen vivir, mátalas…”

    Las lágrimas llenan sus ojos, caen por sus mejillas. Una última mirada a su última víctima… ¡¡¡Nooo!!!

    ¡PLAS!. Se oye un golpe seco en el suelo. Luego solo el silencio de la calle del Álamo.

    -FIN-

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