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    Los ñoquis del 29

    29 de junio.

    Un día más.

    Un 29 mas y como cada veintinueve Roberto miró el plato de “ñoquis” humeantes sobre la mesa, justo debajo de su rostro: miro la salsa, miró el queso parmesano esparcido sobre esta, observó cada una de las veinte o treinta bolitas de harina y papa que tanto disfrutaba de amasar mes tras mes y se dispuso a comer, no sin antes depositar una moneda de a peso debajo del plato tal como marca la tradición que debe hacerse, tal como él acostumbraba a hacer cada mes…

    Lunes 29 de junio, un lunes mas, solo que marcado como “29” en el caprichoso almanaque, solo que esta vez era diferente… Esta vez no estaba Rocío. No era que la extrañara, no, en absoluto… Solo eso: se daba cuenta que ya no estaba, pero no la extrañaba.

    Ni siquiera hoy que era 29, ni siquiera hoy que era el primer 29, el primer “día de ñoquis” como se le llama popularmente, en que iba a cenar sin ella… A decir la verdad, tampoco la extrañó mientras los preparaba, amasando la harina, mezclando la leche, el puré de papas y una pizca de nuez moscada… En absolutó: se sintió bien, sorprendentemente bien contrario a sus mas profundos temores… Día tras día Roberto vio acercarse la fecha que la costumbre popular había elegido como específica en el mes para comer esa clase e de pasta hervida, esa fecha en la que tanto le gustaba cocinar, de hecho la única fecha en el mes en que Roberto cocinaba, esa fecha en que desde que se había casado con Rocío ambos compartían, como si mediara un convenio tácito y no escrito, un humeante plato de “ñoquis”, y que ni siquiera algunas peleas a lo largo de años de los años habían logrado cancelar…

    Esa fecha que Roberto no sabía muy bien por qué, era mágica, para él y para Rocío mientras vivía, ese día en que por un momento sentía a su mujer mas cercana, mas suya y ambos se miraban a traves del aroma ascendente de la salsa en la cual afloraba una de las pocas diferencias de entre ellos, ya que eran bastante afines en sus gustos: Roberto les ponía queso parmesano, Rocío odiaba el queso parmesano, los espolvoreaba con un toque de tomillo… Tal vez por eso Roberto tomó el paquete de queso recién abierto y lo terminó de vaciar sobre el otro plato que reposaba abandonado en la mesa, el del lugar vacio de ella, el plato que, de estar viva Rocío, estaria sazonado con abundante tomillo, pero al cual Roberto inundó totalmente de queso parmesano, adrede, entreverando con el tenedor, riendo y diciendo con sorna a la silla indiferente que le acompañaba esa noche en la mesa:
    -¿Así esta bien de queso mi amor?… ¿Cómo que no te gusta el queso, desgraciada…? ¿Ês porque te deja mal aliento y después Daniel se queja cuando lo chuponeas, yegua? ¡Hoy te lo vas a comer todo, hija de mil puta!¡Todo! ¿Entendiste? ¡Como te comías el “queso” de él…¡

    Como te comiste todo el…

    Le llevó un par de minutos darse cuenta a Roberto que se estaba comportando de manera irracional, de que ya estaba apretando el paquete de queso vacio con sus manos, de que ya no sonreia y casi lloraba.Le llevó el tiempo que demora un paquete de queso rallado en vaciarse darse cuenta que Rocío no podía escucharlo, que de hecho nunca mas lo escucharía… Intentó serenarse. Ya no estaba. Se había ido para siempre de su vida.En realidad mucho tiempo antes de morir, muchos antes de el 29 de mayo pasado, de aquel plato de ñoquis con una pizca de tomillo “especial”… Se habia ido desde que conoció a Daniel, su primo en el funeral de la abuela Doris, la cual desde su cajón pareció advertir con su pícara cara de vieja zorra a Roberto, del peligro de aquellos dos que recién presentados dialogaban tan animadamente entre los llantos y las velas de la sala velatoria.

    No que fuesen un matrimonio perfecto antes de ese día, no, pero de allí en más, Rocío simplemente se marchó de su vida… ¡Parecía contar los minutos para que Roberto se fuera a trabajar y salir desesperada a revolcarse con el miserable, la muy puta…! Quien sabe cuanto tiempo lo llevaban haciendo, quien sabe cuantas veces, antes de aquella tarde en que la dueña de la farmacia donde Roberto trabajaba como químico le dejara salir antes, llegando temprano al apartamento para verles besarse como locos en el corredor… ¡Tan ensimismados estaban que ni siquiera notaron su presencia…!¡Tan poco les importaba que lo hacían allí, a la vista de cualquier vecino indiscreto…! Todo cobró significado para Roberto:las risas de los muchachos cuando pasaba el cerca, el repentino silencio de las vecinas de mayor edad cuando le veian aparecer… Todos, todos lo sabían menos él. Y Roberto se dio media vuelta y se fué, con un dolor en el pecho que jamás había conocido, pero muy decidido regresó a la farmacia con el juego de llaves extra que la propietaria le habia entregado para cuando debía permanecer mas allá del horario del turno…Regreso muy decidido a prepararlo todo… Y decidió que tenía que preparlo todo, para un 29… Un 29 habia empezado todo, un 29 tenia que terminar. Un 29 la besó por primera vez.

    Ella era química igual que él, en aquel entonces ambos trabajaban en el mismo laboratorio. El la invitó a cenar y ella no le creyó que él cocinaba, que su especialidad era preparar ñoquis caseros, su comida preferida, ¿y que otra cosa iban a comer un 29, sino ñoquis caseros como marca la tradición?… Desde ese día fue casi un ritual y todos los 29 Roberto cocinaba la misma receta: harina, agua, pure de papas, salsa, tomillo para ella, queso parmesano rallado para él…Solo que el 29 de mayo Roberto usó un ingrediente extra, de esos que un quimico farmaceutico sabe emplear mejor que un cocinero… De esos que no tienen casi sabor o si lo tienen se puede disfrazar muy bien con el sabor a tomillo… Eran muy parecidos, misma profesión, mismos gustos:solo que a ella le gustaban los ñoquis con tomillo y a Roberto con queso rallado parmesano y jamas utilizaba uno el condimento del otro, el lo sabia, por eso eligió el tomillo para humedecerlo con el catalizador después de suministrarle el veneno propiamente dicho en la bebida durante casi un mes…

    Roberto se llevó el primer ñoqui a la boca y lo masticó:estaban un poco fuertes de gusto, el queso no estaba fresco del todo, lo cual no era extraño, el paquete hacia un mes que dormía en el armario. Roberto jamás cocinaba, siempre comía afuera excepto los 29 de cada mes… Sin dudas que el queso no estaba, no muy fresco… Pero Roberto siguió comiendo, comiendo y recordando. Porque lo que si estaba fresco, era el pasado dentro de su memoria… Rocío permaneció trabajando en el laboratorio aun después de conseguir él trabajo en la farmacia. El laboratorio era muy peligroso, ese fue el motivo por el cual buscó un nuevo empleo:varios trabajadores habían muerto por envenenamiento a lo largo de su historia… Roberto se lo había advertido a su esposa. Pero ella era bastante descuidada… ¡Si hasta comía sin lavarse las manos en el mismo lugar de trabajo, rodeada de herbicidas, pesticidas, caracolicidas…! Si nunca antes le habia pasado nada, era de pura suerte… Hasta el 29 de mayo… Eso fue lo que le contó a la policía… Sospechaban y Roberto lo sabía. Pero no había pruebas. No era el primer caso de envenanamiento accidental, Rocío Perez era la tercera química que fallecía por exposición sustancia tóxicas… y lo sabían. La sustancia era muy comun en el laboratorio: era la materia prima de un potente raticida… Pero no era mortal en si misma. Era un catalizador que actuaba sobre un veneno residual que Roberto le había estado suministrando a Rocío durante los 29 días de mayo… y con el “Tomillo” del 29… actuaba instantaneamente… Pero era imposible determinar el momento de la primera ingestión, o el momento de la última. Se utilizaba para exterminar colonias enteras de ratas, ya que estas hacen probar cualquier cebo primero a un solo habitante de la madriguera y solo siguen comiendo si este no muere… Cuando la rata exploradora no muere en unos dias las demas ratas comen… Era una muerte lenta. Al al ingerir el catalizador final un mes despues de estar consumiendo el cebo, la acció es fulminante e inmediata. Pero a los ojos de un forense era una muerte lenta, demasiado frecuente para alguien que vive rodeado de productos quimicos… Roberto sonrió al pensar que en el cementerio en este momento deberían estar muriendo muchas ratas por culpa del cuerpo de su difunta esposa… Hizo lo posible para que no le descubriesen .Pero si lo descubrían no le importaba.

    En realidad ya nada le importaba desde aquel día.No el día que la mató, no. Desde el día que la vió con Daniel… Con su propio primo… ¡Con un simple almacenero! El muy hijo de puta, casi se habian criado juntos y Rocío lo conoció recién despues de algunos años de casados… El muy estupido… Ni siquiera se imaginaba que lo sabía todo…

    ¡Casi le hubiera bastado con ver sus lagrimas en el funeral de su mujer, deforme y amoratada en el ataud por las hamorragias internas que el veneno de acción lenta le habia causado, para darse cuenta de que entre ellos existía mas que un amor de cuñados…!

    Con un almacenero de cuarta… Roberto siguió comiendo… Una química con un almacenero… ¡Si, a veces hasta tenía el descaro de traer productos del almacén de el! Como el vino barato, que cada veintinueve servian con los ñoquis, como ese vino que el no soportaba y que la muy cerda bebía de forma casi obscena. Pero ahora el estaba en paz. pasara lo que pasara… Y el día de los ñoquis había llegado, el día que el tanto temía pero no sintió nada ni remordimientos, ni nada … Pensó que se derrumbaría, que no soportaría hacer sus ñoquis caseros servirlos y comerlos sin la presencia de ella… Pensó que los recuerdos y el arrepentimiento lo abrumarian… Pensó que correría al teléfono y llamaría a la policía para confesarlo todo… Pero no sintió nada de esto. Solamente hambre:como si no comiera desde hacia un mes. Así que se siguió llevando uno por uno los ñoquis con salsa y queso a la boca… Le habían quedado deliciosos… ¡Mas que otras veces! Mas ahora que la traidora estaba bien sepultada desde hacia un mes, siendo comida por las ratas tal como Roberto comia los ñoquis en ese momento… Se terminó todo el plato y observó el que habia servido por alguna enfermiza razón frente al lugar vació de la mesa que preparó, para su esposa ausente, inundado en queso… -¿Tu no vas a comer más, no mi amor…? Permiso - le dijo al vacío de la casa trayendo el plato rebosante hacia él y depositando el suyo ya vacio donde este estaba servido antes. Y siguió comiendo, comiendo y recordando. Con un almacenero…

    Roberto eructó satisfecho. Estaban deliciosos. Con su propio primo y encima… ¡un almacenero! Roberto estuvo bien en hacer lo que hizo… Y si el estomago le dolia ahora un poco era porque se había comido dos platos llenos de ñoquis caseros, no por que tuviera remordimientos ni depresión… Recordó la cara de ella cuando terminó el plato: ni bien se empezó a retorcer Roberto no le anduvo con vueltas:la miró a los ojos y le dijo: -Sos una puta de mierda, te estas acostando con mi primo. Hasta con calma se lo dijo, como si no le importara en absoluto su reacción, la cual fuese la que fuese no podía durar mas de uno o dos minutos segun la reacción quimica del catalizador del veneno en su cuerpo… Ella estaba un poco sorprendida… Habia sido una cena sensacional: Roberto se había esforzado por mantener la calma sabiendo que su momento habia llegado… Ella estaba extremadamente amable, de buen humor… Habia llegado un poquito mas tarde del laboratorio, probablemente habia estado con Daniel hasta pocos momentos antes, seguramente estaba cubierta del sudor de él y de su…Por eso estaba de tan buen humor. Roberto crispó los dedos, “un momento mas…” pensó con satisfacción apenas pudiendo contener el deseo de arrojarse sobre ella y ahorcarla con sus propias manos… Y la muy cínica estaba tan amable… -Mi amor, traje el queso rallado que a vos te gusta… - le dijo mientras el servia- Y dos paquetes, así que ponele todo el que quieras… -No gracias mi vida… -respondió el siguiendo la parodia… -Con el que quedó de los tallarines de ayer me es suficiente para mi… Salvo que vos también quieras… ¿Abro el paquete que trajiste y te pongo? -No, no gracias… Sabes que detesto el queso… Yo le voy a poner una pisquita de tomillo como siempre… Roberto sonrió morbosamente mientras ella le ponía su condimento preferido al plato de pasta recien hecha, sintiéndose casi excitado al pensar que era muerte lo que Rocio se estaba sirviendo…

    Disfruto cada bocado de ella… y cuando ya nada quedaba en el plato se lo dijo, a quemaropa, como para cortarle la digestión…

    Pasado el primer momento de shok, lo miró a los ojos como si no le importara y le contestó: -Bueno algun día te tenias que enterar Roberto.En realidad me alegro que lo sepas… Estoy enamorada de él… Yo lo habia planeado de otra forma… pero en vista de que te enteraste, mejor, se que me vas a entender: ¡Quiero el divorcio! Y ahí Roberto muy tranquilo, con la sonrisa que da la venganza, contemplando el plato vacio delante de ella la miró y dijo: -¿Divorcio? ¿Y por que no mejor la viudez? Esta vez el sorprendido fue él. Rocío abrio grande los ojos… Su rostro se convulsionó. Intento articular una frase: -¿Qué queres decir con eso?… Roberto, yo no, Daniel… ¿Como supiste que…? Yo te juro que… Lo único que quiero es el divorcio para estar con él… Lo amo… ¡Estoy dispuesta a cualquier cosa para estar con él…! -Mira vos, pero tus planes los vas a tener que dejar para otro vez El tomillo que habia comido no le dejó decir mas, y aunque Roberto no entendió muy bien sus palabras, tampoco se inquietó demasiado.Hasta que vio la sonrisa de ella un segundo antes de morir. no sabia bien si fue una convlusión mas producto del veneno y su imaginación le hizo ver una sonrisa o si realmente Rocío sonrió un segundo antes de morir… Tal vez se sentía merecedora de lo que le estaba pasando… La muy cerda.

    Roberto sintió una puntada en el costado del pecho mientras recreaba en su cabeza estos momentos… ¡Engañarlo con un simple almacenero…!

    Empezó a sentir fiebre. Con su propio primo, un simple vendedor de vino, dulce…“¡Estoy dispuesta a cualquier cosa para estar con él!” Empezó a sentir temblores, debia serenarse, lo que hizo estaba bien hecho… A lo mejor ellos hubieran hecho lo mismo con él… Se estaba sugestionando… El sudor le corría por la frente, sudor frio. Debía ser el odio. El odio de acordarse de su esposa, difunta, infiel… De su traidor primo… ¡Lo amo, lo amo,!, le habia dicho antes de morir, de morir sonriendo, tal vez recordando una de sus revolcadas… Eso no era amor, era calentura… Roberto si que la había amado. Y uno por amor hace cualquier cosa, incluso matar… Pero todo habia quedado ya atras, muy atras, un mes atras… Las puntadas que sentía Roberto eran cada vez mas fuertes, mas intensas, le faltaba la respiración, Dios, que le estaba pasando por favor, no podia… respirar… ya no debia pensar mas en ellos… en los dos amantes… en los traidores… Una quimica farmaceutica y un simple almacenero… Una profesional que trabajaba con acidos, medicamentos, venenos… Revolcándose con una basura que vendía, dulces, vinos, queso… No era lógico… Tampoco era lógico lo que el sentía ahora en este momento… Pero comprendio lo que le sucedia, no entendió como ni por qué pero comprendió lo que le sucedía… Se podía resumir en una sola palabra, completamente familiar para Roberto, el nombre de una sustancia que el mismo habia desechado de usar con Rocío por ser de acción inmediata… Cianuro. Opresión en el pecho, fiebre, ahogo, sofoco… Quiso incorporarse de la mesa pero no pudo y terminé aferrandose vanamente del mantel a cuadros, cayendo al suelo enredado en el mismo, con los platos vacios sobre él… y sobre las frias baldosas quedó paralizado y esperando la muerte impotente…

    Sabia que no le quedaba mucho tiempo, trató de entender… El siempre tenia mucha precaución con las sustancias que manejaba, de hecho en la farmacia no manejaba venenos de acción rápida… El único veneno que había manipulado en los últimos tiempos era el raticida que le habia suministrado a Rocío, pero habia sido muy precavido… Se habia encargado de deshacerse de todo resto del mismo, sobre todo para evitar que la policia lo descubriese…Además los sintomas de envenenamiento que Roberto presentaba no eran los del consumo de aquel raticida de acción por catalizador…Como químico sabia bien que se trataba de cianuro… Solo que no entendía el por qué, el vivía solo desde que ella habia fallecido. No entendía el cómo…Le hubiera gustado saberlo antes de morir: ese fue su último pensamiento. No tenia lógica lo que le sucedía. Como no tenía logica que su esposa, una profesional de la química se hubiese enamorado tan perdidamente de un simple almacenero:un vendedor de, entre otras cosas vino, leche, pan y queso rallado… como el del paquete que ella le habia traido una noche que llegó mas tarde, un 29, un mes atras, la noche en que murió sonriendo sin que Roberto supiera el por qué…

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