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    Continuación: FANTASMAS EN EL MAR

    -¡Caramba! - exclamó Juan - Esto pesa una tonelada, ¿qué llevas aquí?
    -Libros y material electrónico - respondió Carlos - Por favor, ten cuidado, es extremadamente delicado. -

    Juan, con mucho cuidado, llevó las maletas al camarote de Carlos.

    Cuando volvió a subir le preguntó: - ¿Y tu equipaje? -
    -¿Mi equipaje? - preguntó Carlos como si el no tuviese nada que ver con lo que le estaban diciendo - ¡Claro! Discúlpame pero ayer me pasé todo el día en la biblioteca de la universidad y no me he acordado para nada de mis necesidades para el viaje -
    -Vamos, no te preocupes - dijo Juan con una sonrisa - Te dejaré algo de mi ropa. Siempre tengo varias mudas para casos de emergencia. Será mejor que zarpemos de inmediato o de lo contrario perderemos unas horas preciosas. -

    El viaje no planteó apenas problemas. Caronte iba dejando un claro rastro allá por donde pasaba, era como seguir las huellas de un elefante en la nieve. Huellas profundas, terroríficas, que provocaban un vacío total de vida allá donde el monstruo plantaba su pie. Durante el trayecto Carlos se empeñó a aprender a manejar el barco. “No sea que te sea necesaria mi ayuda en caso de emergencia” decía él. Pero Juan estaba totalmente seguro de que más que una ayuda, en caso de emergencia iba a ser un estorbo. Pero el hombre ponía tanta voluntad en aprender y Juan se lo pasaba tan bien enseñándole que no se atrevía a contrariarle por miedo a ofenderle. Después de todo Carlos no estaba resultando ser una persona tan insoportable como Juan había esperado.

    En numerosas ocasiones Juan tuvo que dar la vuelta al barco para recoger a Carlos porque se había caído por la borda al intentar mantener el equilibrio de una forma un tanto precaria para hacer algún trabajo en el barco. Al final Juan tuvo que ponerle una cuerda de seguridad. En una ocasión, al bajar una de las velas, el pie de Carlos se quedé enredado en el cabo de la vela y al bajar esta hizo que Carlos quedase suspendido cabeza abajo. Juan disimulando como podía la risa le ayudó a bajar y le recomendó que la próxima vez que intentase hacer algo se asegurase que no estaba atado a nada que se pudiese mover.

    Cuando no estaba intentando aprender a gobernar la nave Carlos se pasaba todo el tiempo metido en el camarote entre un montón de libros y apuntes, tomando mediciones en el equipo que había traído consigo y haciendo miles de cálculos. - De vez en cuando le indicaba a Juan que cambiase el rumbo y siempre se encontraban con otro barco que había recibido la visita de Caronte, en ese caso pedían ayuda a los guardacostas y una vez que ponían a las desdichadas víctimas del pirata bajo la custodia de las autoridades proseguían su camino. Según iban avanzando la pista se hacia más fresca, por algún motivo Caronte se estaba demorando en su regreso a casa. O al menos eso era lo que decía Carlos. Juan se sentía en el mundo de Carlos aun más perdido que Carlos en el suyo.

    Juan jamás olvidaría la primera vez que visitó una de aquellas naves.

    Cuando la avistaron en la lejanía Juan inmediatamente la reconoció como un yate de recreo de nacionalidad inglesa. Cuando se aproximaron un poco más pudieron distinguir a un hombre pescando desde el barco.

    -En ese yate están todos perfectamente, - dijo Juan pasándole los prismáticos a Carlos - hay un hombre que está pescando sentado en la popa. -

    Carlos miró por los prismáticos, frunció el ceño y dijo: - No puede ser, las lecturas indican claramente que Caronte y el Sombra han pasado por aquí. Acerquémonos para preguntarles si han notado algo raro. -

    -Quizá llegaron aquí después de que pasara el sombra. - dijo Juan mientras alineaba la proa del Explorador hacia el yate. Carlos seguía vigilando el barco con los prismáticos. Cuando Juan ya podía distinguir a su ocupante claramente con la mirada Carlos le dijo: - Aquí hay algo raro, no noto actividad en el barco. -

    Cuando estuvieron lo suficientemente cerca comenzaron a llamar a voces al hombre que estaba pescando, pero este no hizo nada que indicase que se había percatado de su presencia. De hecho estaba quieto como una estatua.

    Se pusieron al costado de yate y se acercaron al hombre, no se movía. Juan le tomo el pulso, estaba vivo pero no lo parecía. Se trataba de un hombre de unos cincuenta años que tenía toda la pinta de estar disfrutando de lo lindo.

    -Por lo que se ve Caronte ahora se dedica a cazar de día. - comentó Carlos - No parece que se esté tornando demasiadas molestias para ocultar su presencia en el mundo. -
    -¿Qué le ha pasado? - preguntó Juan impresionado.
    Carlos recogió el sedal y sacó un pez de buen tamaño, muerto.
    -Verás, - dijo Carlos mientras desataban al anciano de la silla de pescar - Caronte llega con su barco y en cuanto detecta un alma en su radio de acción la absorbe sin que la víctima tenga tiempo de hacer nada de nada. Por eso el cuerpo de la víctima se queda en la misma posición que en la que estaba en el momento de que su alma es arrancada. Como no recibe nuevas ordenes se queda como una estatua, exactamente como estaba. Al parecer este buen hombre fue raptado mientras trataba de subir un pez de buen tamaño. De ahí la expresión de satisfacción en su cara. Ahora, ayúdame a llevarlo al camarote. -

    Mientras cargaban con el anciano Juan dijo: - En ese caso no tenemos ninguna oportunidad. En el momento que Caronte nos detecte pasaremos a formar parte de su colección de almas.-

    -No exactamente. - contestó Carlos - He hecho algunas averiguaciones y sé que Caronte por si solo no es capaz de hacerlo. Necesita de alguien con poderes para poder hacer el barrido constante. Y apostaría que está usando a Lilia para ese trabajo. Lilia está de nuestra parte y aunque nos detecte no nos delatará. -
    -¿Y si te equivocas? - dijo Juan preocupado.
    -Entonces nos dará igual pasar a formar parte de su colección ahora que después. Por que si Lilia no nos ayuda, nadie en este planeta podrá detener a Caronte. - respondió Carlos sombríamente.

    Bajaron al anciano al camarote y por el camino encontraron a su mujer en la cocina. Por lo que se veía estaba sacando la comida del microondas para no ofender a su marido por su poca fe en sus dotes pesqueras. Ahora los peces eran ellos y estaban en una red en la que no había ninguna salida.

    La espeluznante pista les llevó al Cabo de Buena Esperanza y doblando la punta de África atravesaron el Océano Indico. Finalmente la pista acababa en el Archipiélago de Joló situado entre el mar de Joló y el de Célebes, cerca de Bonico.

    -¿No puedes seguir su rastro con esos aparato? - preguntó Juan desanimado.
    -No, - contestó Carlos - con esto sólo puedo detectar los lugares en los que Caronte secuestra a sus víctimas, no existe ningún ingenio tecnológico capaz de seguir el rastro dejado por un fantasma. -
    -¿Y qué haremos ahora? - preguntó Juan - Aquí hay cientos de islas. -
    -Esperaremos a que Caronte secuestre a alguien más.- fue la respuesta de Carlos - Caronte tratará de conquistar en primer lugar la isla en la que está su base. No quiere correr riesgos del tipo de dejar a humanos con cuerpo y alma que puedan descubrirlo todo y fastidiarle el plan.
    -Pero si hace eso será como mandar una mensaje por radio indicando la posición exacta. - replicó Juan.
    -Caronte es muy poderoso, - explicó Carlos - lo suficiente como para creerse invencible. Es un megalómano que desprecia a los demás. Esa será su perdición. Cometió un grave error cuando te dejó libre sabiendo lo que sabes sobre él. Debió creer que no te atreverías a seguirle.

    Está claro que ese monstruo nunca ha estado enamorado y no sabe lo que se puede llegar a hacer por amor.

    La isla de Joló es una isla volcánica. Su principal fuente de ingresos es el turismo. Como todas las islas de la zona, se cuentan sobre ella numerosas leyendas sobre piratas que tenían establecidas sus bases allí. La mayoría son falsas, pero hay una leyenda que no lo es. Esta es la isla donde se encontraba, o quizá deberíamos decir se encuentra, la famosa guarida del pirata más sanguinario de todos los mares, el capitán Caronte. En el corazón del volcán que formó la isla hay una gigantesca y desconocida cueva, se puede acceder a ella a través de un acantilado que se abre al accionar un mecanismo secreto. El mecanismo no ha sido accionado durante siglos pero hay alguien en la cueva. Los ocupantes del volcán no han necesitado abrir la entrada que cierra herméticamente la cueva. Una cueva, que tras siglos de oscuridad, ahora se encuentra iluminada por la tenue y espectral luz de un barco. Un observador que no mirase con cuidado podría decir que alguien ha tenido la feliz ocurrencia de pintar un barco con pintura fosforescente. Un observador avezado tendría que contener un grito de terror al comprobar que el barco es traslúcido y que cada una de sus piezas se retuerce de dolor intentando liberarse de lo que parece ser una voluntad superior que les impide moverse un milímetro de su puesto.

    Ambos observadores no hubieran podido decirle a nadie lo que habían visto, porque nadie avista el Sombra bajo su forma espectral sin pasar a formar parte de él. Nadie salvo Juan, y era él precisamente el que estaba en boca de dos espíritus que estaban de pie en la “cubierta” del Sombra.

    Uno de ellos era el espíritu perteneciente a una mujer El pelo ondeándole ir una brisa fantasmal, la misma que agitaba la barba de su acompañante. Lilia bajo forma espiritual era aun más hermosa de lo que era en carne, si eso era posible Estaba vestida de gasa y tenía en su rostro una expresión de enfado que hubiese atemorizado a cualquiera. Por desgracia enfrente de ella había un ser cuya aura era tan terrorífica que le hacía hacer esfuerzos para no echarse a llorar. Era Caronte, el fuego de sus ojos indicaba que estaba realmente enfadado.

    -Juan vendrá a rescatarme - dijo Lilia encarándose con Caronte - No lo dude.-
    -Si ese escéptico mentecato busca-antiguallas es listo en estos momentos estará con alguna mujer para disfrutar lo poco que le queda de vida terrenal - contestó Caronte - Si sigues negándote a ayudarme te pasaré por la quilla. -
    -No creo que lo hagas - contestó Lilia arrogantemente - Me necesitas -
    -Hay otros parasicólogos - respondió Caronte, quien parecía empezar a divertirse con la discusión. -
    -Pero no tienen mis poderes. - respondió Lilia creyendo haber asestado un golpe su enemigo.

    Pero el enemigo hizo una finta y le clavó su propia arma: - Te equivocas, conozco a uno y tú también. - Lilia pareció derrumbarse.

    -Qué ingenua eres - se rió Caronte - Yo lo he planeado desde el principio permití que contactaras con Carlos antes de raptarte porque sabía que tarde o temprano necesitaría otro parasicólogo. Dejé a tu novio con vida para que le contase toda la historia y lo pusiese en la pista.

    Caronte hizo una pausa para disfrutar de su triunfo sobre Lilia. Luego prosiguió: - Me he demorado tanto con el fin de dejarle una pista clara. Apuesto cualquier cosa a que ya se encuentra en el archipiélago. Con un poco de suerte esta misma noche formará parte de mis tropas espectrales.

    Lilia cayó al suelo. Si Carlos caía no quedaría ninguna posibilidad. Tenía que ayudarle como fuese. Hizo un plan para ponerle sobre aviso. Rogó porque Carlos hubiese convencido a Juan de ayudarle. Sabia que Juan jamás haría lo que Caronte había dicho, pero de lo ha tan segura era de que se hubiese tragado toda la historia le había tenido que contar.

    -Esta bien, está claro que tú tienes el poder ahora. - dijo Lilia levantándose - Te ayudaré con una condición -
    -¿Cuál? - preguntó Caronte.
    -Quiero dirigir tus tropas de ataque esta noche, y siempre - respondió Lilia.

    Caronte pareció un poco sorprendido al principio pero se recuperó rápidamente y una mueca de satisfacción se dibujó en su descarnado rostro.

    -De acuerdo. - dijo Caronte - ¡Demonios! siempre supe que te acabarías pasando a mi bando. Te instalarás en el camarote del primer oficial, ha estado vacío hasta ahora. Nunca he necesitado a nadie que me ayude a tomar mis decisiones, pero ahora que voy a dirigir un gran ejército creo que tendré que dejarle el trabajo duro a alguien.
    -He llamado a todos los hospitales de archipiélago y todavía en ninguno han tenido ningún caso de coma inexplicable. - dijo Juan tirando las páginas amarillas al suelo del hotel.
    -Eso significa que hemos ido pisándole los talones. - dijo Carlos.
    -¿Qué? - preguntó Juan sin comprender.
    -Quiero decir que él ha llegado aquí poco antes que nosotros y todavía no ha tenido tiempo de atacar. - explicó Carlos - Es un pirata de la vieja escuela, todavía le gusta hacer los saqueos por la noche.
    -O sea, que esta misma noche va a lanzar su primer ataque. - dijo Juan.
    -Exacto. - corroboró Carlos - Eso nos dará la localización de su base.
    -Vale, ya lo hemos encontrado. - dijo Juan - Y ahora qué, ¿llamamos a los Cazafantasmas?
    -No. - respondió Carlos con una sonrisa - Hemos de ponemos en contacto con Lilia para saber cuál es su punto débil.
    -¿Punto débil? - preguntó Juan - ¿Crees que lo tiene?
    -Recemos porque así sea. - contestó Carlos.

    La batida estaba siendo un éxito. Ella localizaba las almas y la gente de Caronte las esclavizaba. Esa misma noche toda la isla de Joló estaría bajo el control de Caronte, como en los viejos tiempos.

    Lilia se apartó mientras los piratas-esqueleto esclavizaban a las pocas almas que quedaban en la isla. Ella había terminado su trabajo y ahora ejecutaría la segunda parte de su plan. Sondeó la región en busca de la familiar y cálida presencia de Juan. A aquella distancia era la única persona a la que podría localizar. No había tenido el suficiente contacto con Carlos como para poder hablar con él sin saber donde estaba. El otro día había tenido suerte, Carlos había estado donde se suponía que tenía que estar, en la biblioteca.

    Tras rastrear cinco islas, y cuando estaba empezando a perder la esperanza de encontrarle lo localizó. En un primer contacto sintió que Juan estaba atemorizado, sin duda estaba al tanto de todo “Juan, soy Lilia”

    Juan dirigió la mirada hacia donde se suponía que estaba Joló. - Lilia -murmuró y se levantó. Carlos dejó de leer y le observó extrañado.
    -Lilia. - volvió a murmurar, y salió de la habitación.
    Carlos comprendió perfectamente lo que estaba pasando así que siguió a Juan hasta la azotea. Juan se paró en mitad del tejado y miré hacia Joló.
    “Lilia, ¿estás bien?” preguntó Juan.
    “Escucha, no tengo mucho tiempo.” replicó Lilia “¿Está Carlos contigo?”
    “Sí, aquí estoy.” contestó Carlos.
    “Tenéis que ios inmediatamente del archipiélago” avisó Lilia “ Todo es una trampa de Caronte para capturar a Carlos. Necesita a otro parasicólogo con poderes.”
    “No podemos irnos.” contestó Juan “Hemos de detener a Caronte o de lo contrario acabará con todo el mundo.”
    “Yo me encargaré de eso.” dijo Lilia angustiada. “Escapad mientras podáis.”
    “No.” se negó Carlos “ Tienes que encontrar un punto débil, algo que nos permita acabar con él. No nos iremos hasta que no sepamos cuál es ese punto.”
    Hubo unos instantes de silencio en el que Carlos y Juan pudieron sentir la lucha interna de Lilia “ Está bien.” cedió al fin “ Pero manteneos alejados de Joló y sus alrededores todo lo que podáis. Sobre todo no hagáis nada que pueda llamar la atención de Caronte.”
    Todos los oficiales del Sombra estaban sentados a la mesa de Caronte.

    Lilia iba a ser declarada miembro oficial de la tripulación.

    Desgraciadamente sus formas etéreas impedían a los piratas organizar una orgía de manera que tendrían que contentarse con contar las historias más sangrientas que cada uno podía recordar.

    Lilia se sentía incómoda en aquella reunión pero no perdía detalle en busca de algo que pudiese ayudarle a destruir a Caronte. Finalmente su búsqueda tuvo éxito. Rayo, el timonel, estaba comentado lo genial que era el Sombra físico. En medio de la conversación dijo: - El capitán también está deseando volver a buscar el Sombra. Quiere tanto como nosotros volver a pisar los viejos tablones de su nave y sentirse dentro de sus huesos.

    Si esto que escuchó le reconfortó, lo que oyó a continuación le sobrecogió. - Afortunadamente, - dijo Caronte imponiéndose a la algarabía general - ya sabemos dónde se encuentra el parasicólogo o al menos Lilia nos lo va a decir, ¿verdad?

    Todos la miraban en silencio salvo Caronte, él se estaba riendo. Pero su risa no era de diversión, era de crueldad, de satisfacción por haber conseguido que alguien traicione a sus propios amigos.

    Juan estaba teniendo una pesadilla. Lilia estaba en un comedor fantasma junto con una docena de esqueletos que la perseguían y se reían de ella. En un momento Lilia se volvió hacia él y le gritó: - Huid, Caronte sabe dónde estáis. Y no dejéis que llegue hasta su barco físico.

    Se levantó sobresaltado, sudando. Sabía que no era una pesadilla. Sabía que habían descubierto a Lilia y que ahora vendrían a por ellos. Fue al estudio donde Carlos estaba trabajando y le dijo: - Saben donde estamos.

    Carlos le miró sorprendido y preguntó: - ¿Cómo es eso posible?

    -De alguna manera han descubierto a Lilia - contestó Juan
    Me dijo que nos habían descubierto y algo sobre mantener alejado a Caronte de su barco material.
    -Conque esa es la clave. - dijo Carlos - Ahora no será difícil acabar con Caronte. Si conseguimos salir con vida de esta. Debemos volver al peñón donde el Sombra se hundió y sacarlo a flote.
    -Un momento. - dijo Juan cogiendo el brazo de Carlos - ¿No se supone que tenemos que mantenerlo alejado del Sombra y vamos a reflotárselo?
    ¿De qué lado estás?
    -¿No lo entiendes? - un fantasma puede ser destruido junto con el cuerpo que habite, lo cual es totalmente imposible mientras no se encuentre dentro de un cuerpo. Lilia sabía esto y también sabía que Caronte oiría su mensaje de alerta así que preparó el cebo
    Saliendo del hotel Carlos continuó: - Si conseguimos que Caronte se meta en un medio físico y luego lo destruimos, su alma irá al infierno y las otras quedarán libres de ir a su lugar correspondiente.
    -¿Y qué pasara con Lilia? - preguntó Juan.
    -Aquellas almas cuyos cuerpos están aun con vida volverán a su cuerpo original - le tranquilizó Carlos. - Ahora debemos alejarnos de aquí antes de que Caronte y su gente se nos eche encima

    En cinco minutos estaban listos para zarpar. Juan conectó el motor del barco y se dirigió a la salida del puerto. Una vez perdieron la isla de vista se sintieron seguros. Juan puso rumbo al cabo de Buena Esperanza y se relajó momentáneamente. El grito de Carlos procedente de popa hizo que se pusiera en tensión. El motor se paró y el viento dejó de soplar Juan fue a popa para ver como todo el mar quedaba iluminado por la luz azulada del Sombra mientras se materializaba justo detrás de ellos.

    Juan reconoció inmediatamente a Caronte.

    -Dónde está Lilia maldito demonio! - gritó Juan - Si le has hecho algo me las arreglaré para que sufras toda la eternidad. -Tú no harás nada. - la voz de Caronte sonó como un trueno - Así que después de todo ella tenía razón, has venido a salvarla. Pobre estúpido, has podido tu última oportunidad de disfrutar los placeres terrenales. A partir de ahora sólo conocerás los horrores de la esclavitud en el infierno. En cuanto a tu pregunta, ¿Es que no tienes ojos en la cara? ¿Tan pronto se te ha olvidado la cara de tu novia?

    Caronte señaló a la proa. A Juan le dio un vuelco al corazón. Allí, en la proa, a modo de mascarón estaba Lilia crucificada en una cruz invertida. La voz de Caronte volvió a atronar: - Este es el destino que les espera a los que se enfrentan a mí. Este es vuestro destino.

    -No si nosotros podemos evitarlo. - era Carlos el que había hablado, todo el mundo parecía haberse olvidado de él, pero tras la sorpresa inicial toda la tripulación del Sombra se echó a reír.
    -¿Con que tú quieres ser el primero en morir? - preguntó Caronte - Así sea. - A un gesto de Caronte una cruz invertida apareció sobre la cubierta del Sombra. El capitán del navío fantasma alargó su brazo como si fuese de goma y agarró a Carlos. Juan nada pudo hacer por evitar que Caronte se lo llevase. Carlos se retorcía de dolor por la presión que la, ahora gigantesca, mano de Caronte estaba haciendo sobre él. En un grito consiguió articular: - ¡Escapa, Juan, yo le entretendré!

    Juan se quedó paralizado, no sabía que hacer. El miedo le impedía pensar. No podía dejarles allí, tenía que hacer algo por salvarles. Un grito le devolvió a la realidad, Carlos había entablado un combate mental con Caronte y obviamente estaba perdiendo. Carlos estaba dando su vida por él no podía permitirlo. Entonces miró el mascarón de proa. Lilia, en un último esfuerzo de voluntad antes de ser absorbida por el Sombra consiguió esbozar en sus labios las palabras: “Huye, mi amor” Juan se puso manos a la obra, sabía que la distracción de Carlos no sería suficiente como para permitirle escapar, tenía que haber algo que pudiese hacer… - y se fijó en el barco.

    Parecía sólido, si consiguiese desestabilizar la estructura Caronte tendría que hacer un buen esfuerzo para reorganizaría, el suficiente como para permitirle escapar a toda velocidad.

    Cogió la bolsa de explosivos. Llevaba suficientes como para hacer volar todo un edificio. Los arrojó contra el casco del Sombra y aceleró. De él surgió una mano que llevaba el anillo de Lilia y la atrajo hacia sí. Poco después de que la bolsa atravesara la estructura semisólida del Sombra y cuando Juan estaba a salvo de la explosión, el barco voló en mil pedazos.

    Sin duda Carlos habría muerto en la explosión, si no lo había matado ya Caronte, pero con eso libraría su alma de la esclavitud del capitán fantasma. Caronte iba a estar demasiado ocupado reconstruyendo su barco para perseguirle como para preocuparse por él.

    Juan sólo deseó que aquello le diese el tiempo suficiente como para reflotar el auténtico Sombra y preparar una trampa mortal para Caronte. Llevó el motor del barco al límite y atajó por el canal de Suez. Caronte sin duda no conocía aquel camino porque de lo contrario lo habría utilizado en su ida hacia Oceanía. Cuando llegó al peñón donde supuestamente se encontraba hundido el Sombra recordó que en su anterior inmersión no había encontrado nada. De repente tuvo una corazonada. Puso una carga en la base del peñón. Cuando hizo explosión todos los cantos rodados cayeron dejando al descubierto la entrada de una cueva.

    Estaba realmente oscuro así que subió a buscar el equipo adecuado.

    Cuando se disponía a iniciar el ascenso notó que algo tiraba de él hacia abajo. Pensó que ya se había enredado en otra cuerda pero lo que vio le heló la sangre.

    Un pulpo gigante había salido de la cueva, sin duda cuidado y alimentado por Caronte durante muchos años para que guardase su tumba. Juan dio un grito perdiendo el regulador. El pulpo sólo le había agarrado con un tentáculo.

    Intentó mantener la calma y logró recuperar el regulador. Para defenderse sólo contaba con su cuchillo. Otro brazo se dirigía hacia él. De repente dio con la solución. Aquel animal era como los normales sólo que más grande, por lo que su punto débil seguía siendo el mismo. Cortó el trozo de tentáculo que le estaba apresando. El trozo se quedó pegado a su pierna pero Juan se liberó con el suficiente tiempo como para poder evitar el segundo ataque y hacer lo que el pulpo no se imaginaba.

    Se lanzó en dirección a su cabeza y le clavó el cuchillo en el ojo. El animal, cegado, agitó todas sus patas con la esperanza de encontrar algo que atacar. Juan tuvo que recurrir a toda su destreza de nadador para conseguir mantener el control mientras esquivaba brazos y aguantaba las corrientes que estos creaban a su alrededor.

    De repente vio el momento oportuno, desclavó el cuchillo y se dejó absorber al interior del manto del pulpo. Cuando entró se sintió como una pelota de pin pon en un bombo de lotería ya que no paraba de rebotar contra las paredes internas de la cabeza del animal. No veía absolutamente nada, pero no era necesario. Recordaba vagamente que los pulpos tenían todas sus vísceras dentro del manto así que arremetió a cuchilladas con todo lo que tocaba. De repente el pulpo dejó de moverse, sin duda a causa de una cuchillada en algún órgano vital. Juan salió del interior de aquella enorme mole de carne ahora inerte y se detuvo a observarla.

    No era posible que un pulpo alcanzase ese tamaño por medios naturales sin duda aquello era una muestra más de los poderes de Caronte.

    Subió al barco y cogió su linterna de buceo. Tras repostar el aire se sumergió de nuevo y entró en la cueva. Allí estaba el barco. El Sombra se conservaba intacto ni el óxido ni los corales ni las algas lo habían estropeado. La madera no se había podrido, era como si se hubiese acabado de hundir. Juan entró al interior por el agujero de la proa.

    Cuando entró se encontraba en una bodega Varios esqueletos se encontraban sentados en los puestos de remos y otros cuentos se encontraban alrededor de los cañones.

    Subió por una escotilla y alcanzó la cubierta. Todo el mundo parecía estar en su puesto El timonel agarrado al timón, el vigía en su puesto, y allí, en pie dominándolo todo, estaba el cadáver de Caronte. Lo reconoció porque era exactamente igual a la forma espectral, salvo por el brillo en los ojos. Lo había conseguido, había realizado uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de los últimos tiempos. Por desgracia no podría escribir su tesis doctoral porque lo iba a destruir. Se recordó que tenía trabajo y salió de su ensimismamiento. Ascendió y preparó todo para la reflotación.

    Cuatro horas más tarde el barco estaba a flote y las cargas de explosivos estaban dispuestas para ser accionadas por control remoto.

    Juan no tuvo que esperar mucho más tiempo, poco después de haber completado el trabajo el Sombra espectral se materializó. En la cubierta estaba Caronte riéndose.

    -Gracias otra vez- - gritó Caronte - No acabo de entender de qué lado estas. Me has vuelto a hacer otro favor pero esta vez no te perdonaré la vida. Lo de los explosivos no me gustó demasiado. -¿Qué has hecho con Lilia? - preguntó Juan - Quiero verla.
    -Temo que no estas en posición de hacer exigencias. - contestó Caronte
    -Pero alégrate, serás el primero en ver cómo el Sombra vuelve a aterrorizar el mundo. También será lo ultimo que veas en tu vida.

    Poco a poco, el Sombra espectral se fue acercando al Sombra físico, hasta fundirse el uno con el otro. De repente los esqueletos cobraron vida y comenzaron a moverse por toda la cubierta.

    Caronte se dio la vuelta y miró a Juan. Este se sintió atrapado en una fuerza sobrenatural que le hacía elevarse. Cuando se encontraba a 20 metros por encima del agua escuchó la voz de Caronte tronando.

    -Se me ha ocurrido que nunca he matado a nadie estampándolo con unas rocas Veamos si tú eres capaz de aguantar el golpe que no aguantó el Sombra. Me pregunto si tu cabeza es tan dura como has venido demostrando hasta ahora.
    -¡Caronte! - gritó Juan sacando el control remoto de los explosivos de su bolsillo - Creo que el único que va a morir aquí eres tú.

    Diciendo esto apretó el botón del detonador y el Sombra se convirtió en una bola de fuego. Juan se vio liberado de la fuerza que le tenía atrapado y cayó al mar junto con una lluvia de astillas y maderos quemándose. No quedó nada del Sombra ni de sus tripulantes.

    Agotado, Juan volvió a su barco y apagó los pequeños incendios que se habían provocado a causa de la explosión y la lluvia de madera ardiendo. Luego puso rumbo a la ciudad donde estaba Lilia. Cuando llegó al hospital el médico salió a su paso hablándole de una súbita recuperación pero que todavía se debía guardar la cuarentena. Juan sin escuchar al médico, lo apartó de su camino y se dirigió a la habitación de Lilia.

    Ella estaba sentada en la cama intentando convencer a dos enfermeras de que estaba perfectamente. Cuando vio a Juan dio un salto de la cama y se abrazó a él. A continuación se besaron apasionadamente y se quedaron mirándose el uno al otro.

    Las enfermeras no entendían por qué se quedaban callados mirándose, no entendían que estaban teniendo una conversación, no entendían que Juan estaba declarando su amor Pero se trata de una conversación privada en la que nosotros no nos podemos meter…

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