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    El Observador

    Autor: Anders Sandberg

    Harold era un hombre intachable. Aunque sus amigos y mujer a menudo le decían que era inteligente y perceptivo, él nunca intentó ascender con fuerza - era feliz siendo un burócrata menor en una gran administración, oculto por su normalidad. De este modo lentamente envejeció, no sucedió mucho - hasta que un día de otoño algo turbador comenzó a ocurrir.

    Estaba atareado leyendo unos documentos sin importancia cuando se encontró con que su mirada iba sin rumbo por el papel.

    Intentó mirar hacia atrás, pero de algún modo no pudo controlar sus ojos y se encontró a sí mismo subiendo por encima del escritorio y su propio cuerpo caído más abajo.

    Mientras Harold flotaba a la deriva gradualmente, intentó pedir ayuda, hacer algo, pero nada sucedió. Subió a través de su techo a otra habitación donde se estaba celebrando una reunión.

    Alguien acababa de quejarse sobre los impuestos cuando Harold pasó. Nadie se percató.

    Durante una hora Harold atravesó el edificio aleatoriamente, viendo y oyéndolo todo pero sin ser capaz de controlar nada.

    Entonces repentinamente sintió una fuerza que le llevaba de vuelta, y despertó sentado en su silla. Agitado, volvió a casa secretamente preocupado de que se estuviese volviendo loco.

    Varias veces los siguientes meses se encontró planeando por ahí, a veces durante la noche cuando estaba tumbado en la cama junto a su querida mujer, una vez incluso durante un viaje en taxi. Se movía por los alrededores, viendo cosas que no comprendía y gente que no conocía.

    Gradualmente comenzó a ver un patrón, un sucio juego tras los escenarios que nunca habría sospechado. Realmente existían conspiraciones, y la corrupción no era solo común, era total.

    Sombríos personajes manipulaban la vida de cada hombre y cada mujer. Asustado Harold comenzó a comprender que o estaba completamente mal de la cabeza, posiblemente paranoico, o que estaba viviendo en una pesadilla de la que nadie más se había dado cuenta o no había querido darse cuenta. Aunque dijo a todo el mundo que sabía que sería hospitalizado o peor.

    Desesperado intentó suicidarse. Con manos temblorosas se tragó lo que calculó que sería una dosis mortal de sedantes y se recostó en su sofá para esperar a la muerte. Cuando comenzó a elevarse a través del techo otra vez incluso se sintió de mejor humor, por una vez era apropiado e incluso esperado. Pero esta vez no flotó alrededor de la ciudad. En cambio siguió subiendo más y más alto sobre el mundo. Vio sus ciudad y el campo que la rodeaba. Vio otras ciudades, otros países, otros continentes. Y vio cada detalle, todo lo que sucedía. Y era como si fuese un ojo infinito observando la tierra desde todas las direcciones a la vez. No tenía existencia individual, él era solo el acto de observar, de saber.

    Cuando Harold despertó en el hospital no abrió sus ojos. Ya sabía lo que estaba sucediendo a su alrededor: los chismes entre las enfermeras, la anciana que se moría cinco plantas más arriba ahogándose lentamente a causa de sus deteriorados pulmones, el joven doctor estresado cometiendo su primer grave error. Mantuvo su atención flotando alrededor del edificio durante un rato, viéndolo desde muchas direcciones. Observó al pálido hombre, en la unidad de cuidados intensivos desapasionadamente hasta que decidió que lo mejor era aprender de nuevo como ver a través de solo dos ojos.

    Las siguientes semanas fueron algo desconcertantes a pesar de su nuevo sentido de claridad. Serenamente vio como su mujer se divorciaba de él.

    Observó con interés como perdía su trabajo. Finalmente la mayoría de sus viejos amigos se habían distanciado, aparentemente desquiciados por su misteriosa mirada y su extraño humor. Harold lo observó desde todos los ángulos para asegurarse de que recordaba como hacerlo, y entonces empaquetó lo que necesitaría y se fue lejos.

    Fin.

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