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    El Gato Negro del Cementerio

    Por: Joacir Colombo Quezada,
    e-mail: joacol@alusis.ucb.edu.bo

    Erase una vez en algún lugar de ciudad de La Paz, que el ingeniero Damián le decia a su extraño amigo:
    -¡Estoy quebrado!, mi consultora está tan endeudada que hasta las paredes he perdido,… los obreros de mi fábrica amenazan con huelga y mi familia se está destruyendo,… ¿qué hago?, ¡ayúdame…!
    -Damián, yo puedo ayudarte, es muy simple, pero tal vez el precio por tu bienestar sea muy alto, ¡no se si puedas pagarlo…!
    -No importa, ¿qué más me puede pasar? Solamente dime, ¿qué debo hacer para arreglarlo todo?
    -Debes visitar al anciano, al yatiri, vive al otro lado del cementerio… él me ayudó y te aseguro que puede ayudarte…

    Trabajo le costó encontrar al anciano, al yatiri, pero lo hizo. Una extraña bruma ocultaba la morada del viejo y se escuchaban extraños ruidos… ¿Tal vez gritos? ¿Tal vez maullidos? Pero… era cierto, detrás del Cementerio General, detrás de él vivía el viejo…

    -¡Hola!, ¿hay alguien aquí?

    Tocaba incesantemente la vieja puerta de la casa… su olor era tan penetrante que Damián se sentía mareado… hasta que:
    -¿Quién osa perturbar mis sueños?

    Era una voz áspera, gruesa y en eso apareció el ermitaño. Su figura no tenía edad, casi no se le veía la cara, y su cuerpo estaba ataviado con un poncho rojo, grueso y viejo como él.

    -Mire, disculpe, soy Damián Martínez y necesito ayuda…..mis empresas han quebrado… bla, bla, bla… y así el viejo pensó que encontraba una nueva víctima…

    Después de media hora, un cuerpo sale caminando muy rápido, casi corriendo del cementerio. Mejor dicho, de la parte trasera del cementerio.

    Damián pensaba:
    -Ese viejo creo que me engañó.
    Damián no estaba solo, llevaba un cuerpo, un pequeño cuerpo que emitía suaves quejidos, voces, quizá maullidos…
    -…debo criar a este horrible animal, y se supone que me irá bien en mis negocios.. .¡Bah! Con lo que odio a los animales, especialmente a los malditos gatos… bañarlo, quererlo, casi adorarlo… no sé si valdrá la pena…

    Pero ese gato era especial, tenía los ojos más amarillos que lo usual, y era tan negro que se confundía con las noches paceñas, especialemte con aquellas que no tienen luna…

    Pasaron 4 lunas llenas y…

    -¡Salí de la quiebra! ¡Los obreros levantaron la huelga! ¡Mi fortuna vuelve! ¡Y mi familia está nuevamente unida!

    Así exclamaba el ingeniero, casi le gritaba al extraño amigo… pero no fue fácil, ¡claro que no! Criar a ese horrendo animal, bañarlo, dormir con él, fue casi una pesadilla…cel gato crecia, lo hizo con Damián…

    Ya era un año del suceso del yatiri y…

    La sombra de la muerte se asomaba a la casa de Damián. La naturaleza humana hace que nos olvidemos de las promesas, de los juramentos, ¡qué se yo!, y Damián como humano imperfecto : ¡lo hizo! Se olvidó del gato, quizá su fortuna hizo que volviera a ser soberbio, y descuidó al gato hasta el punto que un día ebrio no sólo de licor, sino de poder -pues entró en la política y casi era seguro diputado- echó al animal: ¡en la casa de un diputado no podía vivir tan horrendo animal…!

    Y volvió la desgracia, ¡pero ésta vez con más fuerza…!

    Tal fue la desventura que la muerte se llevó a su primogénito… y Damián recordó que su infortunio comenzó la noche que hechó al animal… no quería perder más y tuvo que volver al cementerio…

    -¡hola! ¿Anciano, está usted aquí?
    En eso una silueta que apenas se adivinaba apareció. Sí, ¡era él! ¡El viejo yatiri!
    -¡Ah usted! ¿Qué quiere?
    -Mire… ¡Lo he perdido casi todo! Quiero que me de otro gato, por favor…necesito salir de mi desgracia…
    -¡Ja, ja, ja…! ¿Cree que es tán fácil? ¡Usted echó a uno de los nuestros y debe pagarlo, pero con sangre!

    Damián no supo que contestar a eso, tampoco tuvo tiempo… lo vio, era él gato del cementerio, sus ojos amarillos exaltaban la poca luz que había en ese lugar… pero no estaba solo, a su lado apareció otro, más grande… más feo, y atrás del ingeniero uno más. -¿qué pasa?-, fue lo único que logró articular… antes que ocurriera… ya eran muchos…

    ¿Decenas? ¿Tal vez cientos?… nadie lo sabrá, lo único que se sabría después es que aparecía un cuerpo, algo parecido a un ser humano, gritaba… aullaba… ensangrentado, mordido, arañado…

    muerto. FIN. Nota del autor: Este cuento lo escribi cuando tenía 14 años, han pasado 10 años para que se lo muestre a ustedes…

    (Nota del editor): Y escribías de la verga, ¿después de diez años no pudiste mejorar la redacción ni por error?, no corregí nada ni lo haré.

    Escrito en September 16, 2021
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