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    DUELO EN EL CREPÚSCULO

    Autor: Mercedes Schiavelli

    Por donde se mirara, el pueblo estaba desierto. El viento entraba por las ventanas de las casas y producía extraños sonidos, tenebrosas vibraciones. Pero, no había nadie allí para escucharlas. Sólo Jackson, sentado tras su escritorio, mirando pensativamente su placa de sheriff, observando sus pequeños brillos replicándose en la pared. Cuán poco significaba ahora para él. Era un objeto sin valor, un recuerdo de otro tiempo. De otra época.

    Luego de un rato, la guardó con aburrimiento en uno de los cajones. Se levantó y se puso el cinturón con las pistolas. Se sentía cansando, como si no hubiese dormido en mucho, mucho tiempo. Sus largas piernas recorrieron el camino que lo separaba de la puerta y salió al exterior.

    El frío viento de la tarde, casi la noche, lo golpeó en el rostro, como una bofetada de hielo. Se arregló el cabello que le caía sobre la frente y fue hasta la calle. Sus botas no hicieron el menor ruido mientras que las espuelas iban trazando un pequeño, casi imperceptible surco sobre el polvo.

    ¿Cuántas veces había recorrido ese mismo trayecto? Una y otra vez, como si fuera un perro vagabundo en busca de comida. Era imposible saberlo.

    Jackson era capaz de recordar cada ínfima pulgada de terreno, pero si se trataba del tiempo, bueno, ese no era su campo de acción.

    El sol languidecía en el horizonte. Jackson descubrió una figura solitaria que se acercaba lentamente por el otro lado de la calle. Era Lager, de eso no tenía dudas. Podía predecir lo que sucedería a continuación.

    -Veo que viniste -dijo Jackson, cuando Lager estuvo lo suficientemente cerca. Era un muchacho de cabello rojizo y mirada rápida.

    La clase de tipos que siempre traían problemas. Jackson los había visto muchas veces, entrando y saliendo del pueblo como si fuera de ellos. Como si nada en el mundo pudiese detenerlos. Lo sabía bien, porque él había sido así alguna vez. No era tan viejo como para no recordarlo. Pero tan poco era tan joven como para hacerlo otra vez. La vida y, por sobre todas las cosas, la muerte, tenía ahora un significado completamente distinto para él.

    -Así es ¿qué otra cosa esperabas? -dijo Lager. Y lo dijo como si cada palabra fuese una bala que escupía de su boca.
    Jackson sacudió la cabeza. Por supuesto que no esperaba otra cosa.
    Hubiese sido demasiado ingenuo de su parte pensar algo distinto.
    -Empecemos con esto -dijo Lager.
    -Todavía no es la hora -replicó Jackson.

    Lager estaba tan impaciente como si fuera un volcán a punto de estallar. Jackson se preguntó por qué el muchacho actuaba como si no lo supiera. ¿Acaso no era consciente de lo que allí sucedía, día tras día?
    ¿Es que nunca se había preguntado por qué no había nadie más en el pueblo? Jackson no lo sabía. Y sabía que hubiese sido inútil discutirlo con el muchacho. La vez que lo había intentado, sólo se había encontrado con un franco rostro de sorpresa. Quizás es demasiado estúpido como para darse cuenta, pensó Jackson. Pero si ese era el caso, ¿qué quedaba para él? Ser inteligente como para descubrirlo, para descubrir la sombra bajo la luz, no le había ayudado en nada. Lager en su ignorancia y él en su conocimiento estaban atascados en el mismo punto sin retorno.

    Vivian se acercó lentamente, sin hacer ruido. Se detuvo entre los dos hombres y miró a ambos con los ojos empañados por las lágrimas.
    -¡No hagan esto! -suplico.
    -Debemos hacerlo -dijo Jackson, repitiendo otra vez las palabras que había prometido no volver a pronunciar jamás-. Lager te deshonró. Tú eres mi esposa y deberías saberlo.
    -Pero lo amo, Harry -dijo ella.
    Era sincera, Jackson lo sabía. Era él quien sobraba en la vida de los dos, pero había sido demasiado egoísta como para darse cuenta. Ahora, ya era tarde.
    -No me importa -dijo, aunque sus palabras no tenían convicción.
    -Es la hora -rugió Lager.
    Quizás si no hubiese sido un muchacho tan impetuoso.
    -Lo sé -dijo Jackson.

    Lo que pasó luego, fue tan rápido que quizás ninguno de los dos tuvo tiempo de saber exactamente cómo ocurrió. Lager disparó primero, Jackson sólo lo descubrió tiempo después. Sus rápidos reflejos le permitieron responder con rapidez, tanta que ni siquiera se dio cuenta en ese momento que no era él quien disparaba en segundo termino. Luego sólo escuchó un gemido. Y vio el cuerpo de Vivian cayendo al suelo.

    Lager corrió hacia ella. Jackson ya no tenía fuerzas para hacerlo.
    Sabía que estaba muerta.
    -¿Qué hemos hecho? -dijo Lager, mientras que tomaba el cuerpo aún cálido entre sus manos y la sangre empapaba su camisa.
    Jackson se encogió de hombros.
    -Condenarnos -respondió.
    Lager hundió la cabeza en el pecho de Vivian y comenzó a llorar.
    Jackson dejó caer sus pistolas y caminó hacia el cementerio. Avanzó a tropezones, como si estuviese ebrio y se detuvo frente a tres tumbas que le eran familiares. Las tres estaban abiertas y se podían ver los cuerpos que sus profundidades guardaban. No tuvo valor para mirar la tumba de Vivian y ver los huesos corroídos, el cabello rubio convertido en una masa informe, los ojos hundidos. No otra vez.

    -¿Por qué no me dejas morir de una maldita vez, Dios? -gritó Jackson.
    Pero como siempre, no hubo ninguna respuesta. Sólo una fría corriente de viento que golpeó en su rostro.
    -Lo sabía -dijo.
    Luego bajó hacia su tumba, donde su cadáver se pudría desde hacía casi cincuenta años y se echó sobre el féretro abierto.
    De donde volvería a salir la noche siguiente, como el fantasma que ahora era, para revivir una y otra vez, el mismo duelo, el mismo dolor, la misma condenada eternidad.

    Fin.

    Escrito en February 24, 2021
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