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    CULEBRILLA

    ¡Culebrilla! dije medio apoyado en mi vaso, medio apoyado en el mostrador y buscando por si fuera poco apoyo, el del mozo que me servia un whisky atrás de otro, para garantizar la exactitud de mi sentencia. El viejo, nos miró a todos, medio incrédulo, medio asustado pero borracho del todo y tras una pausa, breve aunque suficientemente larga como para apurar un trago mas de vino barato, juntando coraje nos dijo:

    -No, no, no… La “culebrilla” no es así como lo que tengo yo mi amigo… la “culebrilla” es distinta… esto es otra cosa,la enfermedad nueva esta que salió… ¿cómo es que se llama?…

    -¡Dengue!-opinó el dueño del bar,tras un mostrador y una caja registradora no lo suficientemente anchas como para separarle de la interesante conversación… -¡Que dengue ni ocho cuartos…! No dengue no… ¿cómo era?… -siguió el viejo, mas atento a su vino y a sus propios pensamientos que a todos nosotros,mientras se rascaba las feas llagas que se dejaban ver bajo la camiseta, demasiado corta…

    -¡Mientras no sea el sida!-dijo el mozo aprontando un platillo con aceitunas- Porque vos de joven eras bastante picarón viejo, ¿eh?… Dicen que tenes por ahí mas hijos que Julio Iglesias y Maradona juntos… Y de repente entre “mina” y “mina” te “comiste” algún “macho”… Todos rieron y yo también por supuesto. Aunque lo que tenía el viejo en la piel no tenía nada de gracioso. Era un espectáculo realmente desagradable, y pese a tener ya en mi estomago dos medidas dobles de escocés casi no pude terminar el platillo de aceitunas con morrón, gentileza de la casa que el atento mozo colocó delante de mi en el mostrador, y justo a un lado del viejo buscando seguramente en mi,cliente nuevo de saco y corbata,una sorpresa en materia de propinas.

    Es mas,la pasta roja que pretendía ser morrón asomándose tímidamente a unas aceitunas que en un tiempo seguro que eran verdes e incluso frescas y todo,se asemejaba demasiado al líquido rojizo que las llagas del viejo supuraban,mas de lo que mi estomago podía soportar… Para mejor,la piel, según pude apreciar unos instantes antes cuando alzó su camiseta casi con orgullo,como un niño mostrando su primera cicatriz,se le había tornado verdosa en toda la extensión de las heridas,por lo cual la analogía era casi completa con el festín que el mozo insistía que comiera y que reposaba despreciado entre mi whisky importado y el vino del viejo:

    -Dele “jefe”… Cómase unas aceitunitas antes que se las coma el viejo apestado este… -me decía riendo. -Mas vale tener apestada la “panza” y no el culo de tanto “hacerse dar” como vos. -le respondió el aludido para hilaridad de todos menos del dueño del bar,que advirtiendo acerca de la presencia de damas en el establecimiento, solicitó que se moderaran los términos de la conversación,ante lo cual el viejo se disculpó. Yo no lo conocía. Es más,no conocía tampoco al mozo atento,ni al que supuse dueño de aquel bar de mala muerte, ni al cocinero que había dejado casi quemar la pizza de una pareja de clientes por sumarse a la conversación y ni siquiera había estado jamás en aquel lugar…Pero hacia apenas media hora acababa de finalizar una charla con uno de mis socios en la cual se confirmaron mis sospechas mas funestas: mi negocio de venta de cosméticos estaba a punto de quebrar… Y luego de quince años en el mismo,no se si por pena o simplemente por festejar,decidí que un par de whiskys escoceses, aunque no fuesen de mi marca preferida y aun servidos en aquel bar de mala muerte,eran demasiado tentadores como para no beberlos antes de hacerle el amor a Blanca y dormirme frente a una película policial de esas que nunca termino de ver y “cagarme” en mi puta suerte.. Entonces, en medio de aquellos deliciosamente sedantes tragos, entre los cuales mi lengua sentía una necesidad incontrolable de soltarse para hablar con alguien,aunque mas no fuera de fútbol,tras varios intentos fracasados de interesar al mozo o cualquiera de los que atendía el establecimiento en mis interesantes temas de conversación, tales como la película que estaban dando en un televisor blanco y negro en la pared, el estado del tiempo o la inflación,apareció este viejo, de unos sesenta años, mal afeitado, junto a un vaso de vino ya servido cuya presencia no había notado, con su camiseta levantada, mostrándole al aparente dueño del lugar unas extrañas heridas que le abarcaban todo el vientre y según el le rodeaban hasta cruzarse en su espalda e inmediatamente absorbió, quién sabe por qué la atención de todos, generando la conversación que mis labios aflojados por el alcohol buscaban en vano… También logró el gratuito espectáculo evocar recuerdos de mi infancia.

    Recuerdos de mi madre escandalizada por unas llagas similares que habían brotado en mi pecho y en mi vientre, y que una tal “Doña María” curó una señora muy anciana que vivía en el barrio y tenia la casa llena de velas,a la cual mis amigos y yo siempre tuvimos terror seguros de que la misma sin lugar a dudas era una bruja,con su chal negro,dientes escasos y podridos y gato incluido, aunque estoy casi seguro de que aquel gato no era negro… Recuerdos del pánico que sentí cuando mi madre me obligó a acostarme frente a ella…y recuerdos de la palabra que “la bruja” pronunció,que casi desmaya a la pobre y que yo había pronunciado como sentencia veinte años después al ver las llagas que este viejo desconocido exhibía: -¡Culebrilla! Una de esos tantos padecimientos de los cuales no creo hablen mucho los libros de medicina pero que no solamente son muy populares en todos los barrios sino que proveen en la atención y cura de los mismos su medio de sustento a tantas y tantas señoras gordas como aquella lejana doña “María”… “Mal de ojo”, “empacho”, “trancadera”, “yeta” y quien sabe cuantos males mas, pero si mal no entiendo y sin ser un experto, según siempre supe el mas temido de todos ellos es precisamente el objeto de la charla en aquel bar: “La culebrilla”… Se le llama así por constar de una se- ríe de llagas pestilentes que brotan en el centro del vientre y se van extendiendo hacia un lado y otro a manera de grotesco cinturón, de la víctima, hasta unirse en su espalda,momento en que el desgraciado padece dolores terribles muriendo en el acto, como si se tratara de una suerte de culebra o serpiente que lo rodeara y se mordiera la cola… A veces dicen que rodea los brazos o piernas. En estos casos cuando termina de rodear dichas extremidades las mismas se pudren…

    Otras rodea el cuello y luego… Bueno mas vale no pensarlo… Cada tanto uno escucha de casos:en los funerales, en las reuniones de viejas,que fulano o sultano tiene y por eso anda tan mal, o que sultano murio de “eso”. Como dije, y si no existe otra explicación científica posible yo mismo la padecí en carne propia durante mi infancia y a decir verdad el tratamiento que aquella temida “doña Maria” me aplicara, dio,afortunadamente el mejor de los resultados, sino supuestamente no estaría vivo para recordarlo… Tan buen resultado que allí en aquel bar, embotado por los sucesivos whiskies, amargado por la futura quiebra de mi negocio y con ganas de conversar, desee acordarme de la dirección de aquella buena señora, para así proporcionarsela al desdichado viejo que exhibía con tanto orgullo las pestilentes llagas…Deseé que aquella doña aún viviese,aunque mas no fuese el tiempo suficiente para curar a aquel pobre borracho que compartía el mostrador conmigo y por un momento inclusive llegué a recordar vividamente en la piel de mi vientre aquel “cinturón” pestilente que me rodeará en la infancia y aquella horrible sensación de picazón y podredumbre que me hiciera sentir, tan lejana en el tiempo y sin embargo tan intensa como para ser recordada con la ayuda de un mostrador,dos whiskies baratos y un viejo borracho con los mismos sintomas.

    Tan intensa como para crispar los dedos sobre ese mostrador,pedir otro de esos whiskies y compadecerme de aquel viejo desconocido al punto de querer ayudarlo… -¿Le gustaría que “eso” se le fuera, viejo?-le pregunté mirándolo a los ojos. -Y a usted en mi lugar…¿Le gustaría que “esto” se le quedara?-me contestó el veterano, inmutable y rascándose a modo de énfasis otro poco mas, lo que realmente me hizo sentir mas lástima aún… Aunque reconozco eso si, que sin la intervención previa de este líquido elemento,probablemente jamás se me hubiera cruzado por la cabeza siquiera la posibilidad de interesarme de forma tal en viejos ebrios de vino,o en vientres hinchados por yagas verdes y rojas o en enfermedades pertenecientes al folclore popular o en nada que se le parezca y mucho menos al punto de ofrecer mi ayuda como a continuación la ofrecí… Pero dada la alteración total de mis emociones,primero por el severo revés de mi negocio y luego por el alcohol que debia hacermelo olvidar ya era yo capaz de interesarme y dedicarme a cualquier cosa que lograse apartar de mi cabeza aquellos horribles números rojos que el contador me había exibido momentos antes… asi fuesen yagas rojas. Por eso fue que apuré el contenido del vaso y casi sin pen- sarlo, con un tono de voz casi experto, tiré el dinero de los tragos sobre la mesa,no dudando en premiar la buena voluntad del mozo que me obsequió con aquellas aborrecibles aceitunas dando una generosa propina y dije al viejo que continuaba rascándose las horribles lesiones: -Venga conmigo,sé quien le puede ayudar… -y pese a que probablemente mi afirmación era cierta, dudaba mucho de saber donde hallar a ese “quien”… Una muy lejana ya en el tiempo,vieja conocida como tantas por el seudónimo de “Doña María” Pero en la lógica de una borrachera,eso era lo de menos y como a esa altura tanto yo como el viejo estabamos ebrios a mi no me sorprendió ofrecerle mi ayuda y el no dudó un instante en aceptarla…

    -¿Cómo dice señor…? -me preguntó sin dejar de rascarse como para asegurarse de haber oido bien. -Que yo sé quien le puede ayudar… Venga conmigo… -Si usted dice… Formando una pareja realmente extraña, salimos de aquel bar ante la mirada atónita de mozos y clientes,a los cuales no les terminaba de cerrar la insólita situación de un señor “bien” interesandose en la salud de un pobre viejo al que no conocía. De hecho a mi mismo me costaba entender mis propios motivos. Pero poco me importaba y a él menos aún. Ambos subimos en el auto que solo por un tiempo mas según los negros pronósticos de mi contador,seria mio, y encaminé con dificultad sus cuatro ruedas hacia el “Barrio de los Judios”,en uno de cuyos rincones hacia dos décadas una vieja con escasos dientes habia aliviado mi vientre de niño de unas horribles llagas que todo el mundo llama “culebrilla”, que lo rodean a uno, pican como el diablo, parecen tener vida propia, y palpitan… Cada momento parecia recordarlas mejor… De hecho incluso las costras del viejo sentado a mi lado parecían adivinar mis absurdas intenciones y cobraban nueva vida a juzgar por la intensa actividad de sus ennegrecidas uñas que rascaban sin cesar su vientre, desprendiéndole trozos de piel seca y originando nuevas supuraciones de aquella materia rojiza, haciéndome temer un poco por el tapizado de mi coche… El viejo, tal vez al mismo tiempo que yo, tomó conciencia de la ridicula situación: un señor de corbata y celular en un ultimo modelo japones, que conoció en un bar de cuarta categoria,llevándole a él totalmente borracho en coche a ver a quien sabe quien para que le curase de algo que tenía en el vientre, algo feo para un pobre viejo como el pero mas feo aún sin duda para un señor de corbata y celular.Algo que todo el mundo comunmente llamaba “culebrilla”…

    Tal vez por eso sonrió casi al unísono conmigo… -¿Usted no será médico, no? -dijo con un poco de temor- ¿No será que me lleva para hacer un experimento conmigo…? Porque yo fui muy hijo de puta en la vida, pero tampoco merezco morir como un ratón de laboratorio… -¡Ya se va a poner mejor,viejo,va a ver!. -le dije arrastrando un poco la lengua y riendo de la loca ocurrencia. Y el viejo sonreía sin dejar de rascarse ni por un segundo. -No yo digo por las dudas,¿vio?…

    -¡Quédese tranquilo!…Los únicos experimentos que hago son con cosméticos…Y a partir de ahora ni eso siquiera… -¿Cosméticos de esos que usan las mujeres?… -Exacto…Y algunos hombres también… El viejo volvió a reir y como siempre el dolor de su vientre transformó la risa en una mueca. -Las mujeres… ¡Buenas brujas que son…! Uno las trata bien… -continuó y antes de terminar la frase se sumió en la reflexión,la típica reflexión del alcohol donde el cerebro lo ve todo con absoluta claridad pero el cuerpo no tiene la fuerza para hacer nada al respecto… Sin duda que de haber sido unos cincuenta años mas joven pensaría que era yo homosexual y me había inventado toda esa historia como un pretexto para subirlo al coche y ofrecerle dinero a cambio de sexo oral en cualquier esquina oscura… Y si su vientre no supurase de aquella manera,claro está. Pero creo que el viejo no pensaba en nada: en nada que no fuese aquella monstruosa herida que le iba abriendo el vientre, la cual rascaba y rascaba sin cesar. Y yo… Yo tampoco pensaba en nada ni nadie… No queria pensar, no queria… Solo dejaba que mis ebrias manos me condujeran a aquellas calles oscuras pero acojedoras del barrio “La comercial” donde abrí los ojos por vez primera,donde hacia muchos años unas viejas y arrugadas manos me aliviaron de un mal que me rodeaba la cintura, que me ahogaba…

    De unas heridas rojas como morrones sobre una piel verde como aceituna… De una horrible picazón…Como la del viejo a mi lado..Como la que yo comenzaba a sentir también… Casi abandoné la palanca de cambios para rascarme pero un instante de lucidez clarificó mi mente lo suficiente como para recordarme lo prospenso que era yo a sugestionarme…

    Y también a hacer locuras. ¿Que hacia a 90 por hora en mi auto con aquel viejo desconocido,a esa hora de la noche serpenteando por el barrio donde nací? No lo sabia con exactitud… ¿Que sentimientos me impulsaban ? ¿Lástima, piedad por aquel viejo desdichado, tirado con aquellas pestilencias a un lado mío? ¿Porque insistí en llevarlo donde una vieja bruja la cual ni siquiera sabía si vivía aún? El viejo lanzó un gemido que borró su sonrisa, me miró y casi balbuceando, evidente presa de un dolor indecible y con las manos en el vientre me dijo entrecortadamente: -¿Puede ir… mas rápido… adonde sea…? me duele… Y con ambas manos ya mas que rascarse lo que hacia era escarbar debajo de sus ropas como buscando a una alimaña oculta a un enemigo invisible… e invencible… Dude por un instante acerca de mi propósito de llevarlo con aquella curandera que no veia desde hacia tantos años y pensé en llevarlo a un hospital,al mas cercano…

    O inclusó evalué la posibilidad de abandonarlé allí mismo en cualquier callejón oscuro y olvidar todo el asunto.Pero una fuerza superior a mi parecía dominar mi voluntad y sobre todo mis manos que se aferraban como guiadas al volante de un coche que zigzagueaba por entre las callejuelas negras y mal iluminadas de aquel barrio. Y con el pasar de las calles y del tiempo mas me parecia una locura lo que habia hecho:cargar a un viejo apestado para ir a buscar a una manosanta que conocí solo fugazmente en mi niñez y no sabia donde encontrar… Pero aquella fuerza ajena a la de mi mente perturbada se imponía, guiando mis manos, mi vista y de pronto las esquinas comenzaron a parecerme familiares, tan familiares como hacia años, cuando solo era un niño… Tan familiares como el olor que invadía todo el interior del vehículo: olor a muerte y a podredumbre. Olor a costra seca verdosa y fluidos rojizos. Olor que brotaba del vientre del viejo a mi lado que jadeaba y se retorcia… -Por favor… -suplicaba y ya no era aquel ebrio que junto a un vaso de vino barato despertó mi curiosidad.

    Era aquel niño que todas las tardes al salir del supermercado me pedia limosna,era la victima de un lejano terremoto que el informativo me mostraba todas las noches,era la prostituta de la esquina de mi casa bajo la lluvia y aquel perro abandonado comido por la sarna..Era mi voluntad de hacer algo al respecto,mis deseos de ayudar y de terminar con el dolor…era mi oportunidad, mi olvido y mi redención…

    -¡Aguante,viejo!…-le dije palmeándolo con una mano mientras me acercaba (lo sentía,lo sentía…)a un lugar que ignoraba… Pero el viejo casi no podía articular palabra. Un horrible pálpito,(casi podía oirlo) sacudía su vientre a medida que fluidos que aun en la oscuridad de la noche brillaban escarlatas,invadían sus piernas y se derramaban en el asiento que había dejado de preocuparme hacia varias cuadras ya…

    Fluidos que seguian trayendo mas y mas recuerdos a mi cerebro. Fluidos que brotaban de mi propio estomago sobre una mesa, improvisada camilla de una vieja bruja que alumbrada solo por unas velas murmuraba palabras extrañas,palabras que en aquel entonces no logré comprender y que ahora con la presencia de los rincones lúgubres de aquel barrio se abrían paso en mi memoria con increíble rapidez…

    Palabras pronunciadas por un par de labios resecos,por una boca con escasos y podridos dientes,que alarmaron a quien me diera a luz:

    -¡Culebrilla!… Esto es culebrilla doña..Es “el oscurecido” que le está rodeando “la panza” a su “guacho”. -¿”Oscurecido”? -Si doña…“El oscurecido”… Cuando nacemos, todos nacemos con un angel de la guarda en la cabeza… Y un “oscurecido” en el vientre,una serpiente que se le “cuela” a Dios cuando nos hace para sentir lo que es vivir en la carne… Como en el paraíso ¿vio?…Por lo común se vá con el bautismo:cuando el bebe llorá y abra grande la boca, se le va por la boca y sin lastimarlo… Pero sino se bautiza se le aloja ahí y lo acompaña el resto de la vida:y le pide vino,y le pide mujeres y le pide mucha comida o se “le duerme” y no le jode para nada… Pero a veces los “oscurecidos” empiezan a extrañar el infierno, ¿vio?… Y se les entra a notar la forma de serpiente.o alguno de la magia negra los obliga a salir… Sea como sea,que extrañen y quieran volver con el Diablo o que los obliguen, tienen una sola forma de salirse…

    -¿Cuál, Doña María,cual?…

    (Pausa)

    -Abriendo a la víctima en dos .Le van rodenado la barriga con “la muerte” hasta que se cierra atras en la espalda… Y después que se le junta en la espalda y se le pudre, ellos se van pa’l infierno con el alma del desgraciado… A veces quieren aislar la cabeza,porque es la habitación del ángel… Otras veces los brazos, pa´ que el infeliz no se rasque y los moleste… Pero el final siempre es el mismo:sea un “trabajo” de un brujo o gusto del “oscurecido” el final no cambia. Y eso es lo que la gente le dice:

    “culebrilla”… Por la forma de “la muerte” que le arma el “oscurecido” todo alrededor… Ese había sido el diálogo entre aquella vieja y mi madre,ante la mirada inocente de mis ojos de niño,mas asustados por la cara de Doña Maria que por lo que tenia en la cintura,aunque a esa altura ardiera y picara insoportablemente. Ese dialogo que habia permanecido oculto en un rincón de mi craneo y que entonces escuchaba tan claramente como si de la reproducción de una grabación se tratase. Tan clara y vividamente como los gemidos del viejo a mi lado,único sonido que salia de su boca.Semiinconciente, aun asi se aferraba a un movimiento automático y casi convulso de sus manos que se frotaban incesantemente en su vientre,completamente putrefacto que inundaba con el hedor de su podredumbre todo el reducido espacio… Me ahogaban los recuerdos,me ahogaba ese hedor… Sentía que de mi leve borrachera habia pasado a un estado como de ensueño, donde era conducido de la mano, desde una calle hacia otra, como si el vehículo no fuese mas que uno de esos juguetes importados de Hong-Kong y a control remoto que se venden en cualquier bazar, dirijido a la distancia.

    Sentí a partir de ese momento y lugar,la relidad casi como un cuadro “impresionista”, por definirlo de algun modo, difusa y turbia. Mi pie derecho piso el freno como si supiese lo que hacia,descendí rápido,casi como un paramédico del coche, corrí hacia la puerta del acompañante y la abrí ante lo cual el viejo casi se desploma en el frio del cemento bajo mis pies.

    -¿Dónde… don… de me lleva, doctor…? -No se preocupe,va a estar bien… -Estas calles… las… conozco…. “La Marta”… venía acá para…

    Y antes de terminar la oración se desmayó. Lo alzé instintivamente, sin pensarlo y troté con el viejo en mis brazos hacia la entrada de aquel corredor como lo mas natural del mundo, aunque habían pasado mas de dos décadas desde que atravezara aquel umbral por primera vez en mi vida. Supe que Doña Maria estaba allí, parada junto a la puerta del apartamento número cuatro antes de verla con mis propios ojos, alumbrada la mitad de su rostro por la luz anaranjada de las velas que salian desede dentro del mismo. Lo supe y no me asombré…Todo era un sueño.Del letargo del alcohol a aquel estado, mas parecido a las consecuencias de uno de esos “porros” de mariguana que se llaman vulgarmente “Bob Marleys “ por su enorme tamaño análogo al de los fumados por el célebre cantante de Reggae, solo transcurrieron minutos… O tal vez horas. No podría decirlo. Pero antes de darme cuenta el viejo estaba arriba de aquella mesa… Aquella mesa que me traía tantos recuerdos que no los podía casi soportar… Aquella mesa que me terminaba de recordar cada palabra de aquella vieja, nuevamente parada ante mi, pronunciadas aquel día en que mi madre me condujo a sus sabios brazos de curandera: -Y en este caso… “el oscurecido” se le empecinó Doña… Usted no lo bautizó a este botija y se le quedó adentro.

    Pero además parece que una enemiga suya le hizo un buen “trabajo” para que se le salga y de paso se lo abra todo al gurí… -No me diga eso Doña María, no me diga eso… -Y… Yo le digo la verdá, doña… Que se piensa, que soy como los médicos que le hacen el verso para darle esperanzas de gusto… -Pero… Pero… ¿No hay forma…? Digo… ¿No hay una cura… una manera de …? -Que yo sepa, no… Esto no se cura… A esta altura no. La voluntad de esta alimaña que tiene su hijo adentro es muy fuerte… El trabajo es muy fuerte. Se le quiere ir ya y a toda costa…

    A veces se lo puede dormir… Pero en este caso… Es que el que le hizo esto le metió sal en el estomago al botija cuando le hizo este trabajo, ¿vio? Y eso los quema, y por eso se desesperan y lo van abriendo para irse… Aunque hay una forma de… Porque yo justo tengo una clienta que… -¿Hay una forma? -Pasarlos para otro cuerpo… Hay que “arreglar” con el diablo: conseguirle el cuerpo de un bautizado y pasarle al “oscurecido” para dentro… Por un tiempo, se va a aguantar. Sobre todo en un cuerpo grande,de un adulto… Un tiempo y después… Pero el lo va a tener que traer cuando se tenga que salir, cuando se despierte…

    Un tiempo y después… -¿después…? Después los años. “La culebrilla” desapareció de mi vientre para alegría de mi madre que le llevó una semana después un generosa “ofrenda” a Doña María de acuerdo a lo pactado. Yo hice mi vida como cualquier persona y jamás recordé aquel asunto hasta verlo al viejo en aquel bar. Y allí recordé todo de forma tan nítida que casi parecía un caso de amnesia selectiva. Y mas real y cercano en el tiempo parecia todo ahora con la vieja ante mi, y aquel viejo retorciéndose de dolor con el torso descubierto y parte de sus entrañas asomándose a la habitación solo iluminada por decenas de velas de todos colores.

    La vieja no solamente me reconoció: me esperaba. Lo sentí. Pero no saludó. Solo miró mientras deposité al viejo sobre la mesa y al parecer era exactamente lo que pretendía que hiciera. -Yo arreglé así con tu mamá, gurí… Vos no tenés nada que ver… A este le tenía bronca una clienta mía. La dejó embarazada y se le fue. La vieja se rió -Lo mejor que se me ocurrió. Tuve que transar con el diablo…Era una buena clienta… ¡Más que una clienta! La vieja miraba al viejo y acercó su mano al escaso pelo de él, mas encanecido aún. Recobrando el conocimiento por un instante el viejo abrió los ojos tan grandes como dos huevos, paralizado por el horror, e intentó decir algo… La vieja lo impidió pasando sus dedos arrugados por entre sus labios… -Tu vieja te quería mucho… A este lo odiaban mucho… Vos eras inocente. Este era culpable… Yo no entendía de que hablaba la vieja. No quería entender.

    -En lo nuestro todo es así, todo es justicia… Todo cierra… Y ustedes se tenían que cruzar… Vos lo tenias que traer acá para que yo verificara. Así arreglé yo con el Diablo… Y vos tenías que volver… con este. Ya te digo, era una buena clienta. La bruja que tanto temor me causaba de pequeño estaba allí frente a mi, en la mitad de una noche donde yo solo pensaba tomar unas copas de mas al enterarme de la quiebra de mi negocio de cosméticos… Acariciando los cabellos de un viejo que ahora comenzaba casi a gritar, mientras pronunciaba palabras extrañas en Portugués y en latín… Un viejo que comenzaba a vivir un dolor indecible y al cual ni siquiera toda la magia del mundo hubiese impedido gritar como gritó a continuación, mirándome suplicante: -¡La Marta!… ¡Acá venía la marta hace años…! ¡Ya me acuerdo…! ¡Ayudeme, ayudeme! Pero no lo podía ayudar.

    La misma fuerza que lo condenaba a él, la misma fuerza que me había hecho llevarlo sin saberlo hasta allí me tenía completamente inmóvil, clavados mis pies al suelo de madera de aquella húmeda y sucia habitación… -Y si…Unos años se iba a aguantar el”nene” adentro de este… ¡Le debe haber pedido bastante vino!… -dejo de acariciar al viejo un momento y poniendose mas seria me miró con aquellos ojos que jamas olvidaré mientras viva,y me dijo lentamente desde aquellos labios resecos:

    -Veinte años. Veinte años aguantan, despues se aburren… Tuve que venir a verificar yo misma… Tuve que volver de allá… Disculpame gurí que te hice traerlo a vos… Pero es que yo solo podía volver a esta pieza… Y como dice el dichó: si Mahoma no vá a la montaña… Los ojos de la vieja despedía, no brillo, sino todo lo contrario: estaban completamente opacos, mas opacos que la noche, que el cuarto, que todo cuanto haya visto en mi vida… -¡La Marta!… ¡Pobre!… Yo le dije que tuviera paciencia, que no fallaba y era lo mejor… El padre de ella me hizo lo mismo cuando la tuve… Era una basura, como este. Tu mamá no. Era una amiga. Mandále saludos mios… Y de lo que ví despues… Bueno es muy dificil hablar. O tal vez debería decir de lo que dejé de ver, porque la vieja “bruja” despareció ante mis ojos como si de una alucinación se tratase dejándome a solas con aquel viejo agonizante que balbuceba mientras sus dedos ya practicamente se hundían en la carne de su vientre y arrancaban literalmente trozos de la misma en una insoportable picazón que yo no podía hacer nada por evitar. También despareció aquel cuarto y las velas y el viejo mismo después… (Continua.)

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