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    ACABATÚ (Cont.)

    Tomado del libro “Cual retazo del Infierno”© 1999 by Gerardo Bloomerfield

    El viejo encargado del hotel donde había pasado la última noche, lo miró entrar e inmediatamente sus ojos cayeron sobre la mano vendada, pero aun sangrante de Esteban…

    Se acercó a él, dando la vuelta al mostrador:

    -¿Usted fue el del incendio no…? ¡Lo escuché todo por la radio, amigo! ¡Debió ser terrible….! Me imagino que necesitará un cuarto hoy también… Pero, veamos… ¿Le sigue sangrando esa mano? ¿Por qué no acude a un médico?

    Esteban estaba afiebrado. Sentía los cortes palpitarle como un segundo corazón. Sin duda, se estaban infectando. Solo pudo responder con una magra sonrisa al calvo individuo, mientras apretaba mas su pañuelo sobre las llagas…

    -Entiendo… Entiendo… No es asunto mío… Miré amigo, no entiendo bien por qué no concurre a un hospital, veo que esa “cura” se la ha hecho usted mismo y lleva el mismo pañuelo desde ayer, totalmente rojo ,¡que barbaridad!… Pero le puedo conseguir “ayuda” si lo desea… Nada profesional, claro… Pero… Alguien que podría aliviarlo… sanarlo…

    Esteban abrió grandes los ojos…Alivio. Eso era lo que necesitaba.

    Alguien que le quitara aquel espantoso dolor de encima, al menos por un minuto… por lo menos el dolor de la mano…

    -¿Dónde…? Estoy un poco cansado y…

    -¡Ah! Pero no debe preocuparse, acá mismo en el “Primicia”… La habitación 15… Hable con “Mae” Shurema… Usted sabe: es una de esas… “curalotodo”. Pero la mayoría de los inquilinos la consideran santa, y les ha librado de mas de un “empacho”…

    -Gracias por el dato… señor…

    -Gutman, Leopoldo Gutman, para servirle… Vaya… ¡no se arrepentirá! ¡Ah!… Y acá tiene la llave de su habitación, la número 20, la misma que ayer… ¡Espero que logre descansar!

    Esteban tomo la llave con su mano sana subió la escalera que lo conducían al pasillo donde estaban las puertas de las habitaciones… Este estaba apenas iluminado por dos o tres lamparillas que todavía funcionaban de las siete u ocho que se veían en ambas paredes, sobre viejos portalámparas de metal…

    ¿Quién sería la tal “Mae Shurema”?

    En fin… Solo esperaba que le diera un poco de alivio…

    Contempló los números de las piezas: 10, 11, 12… ¡15! Allí debía estar según el regordete encargado del lugar… Era tarde… Dudó si llamar o no, pero cualquier esperanza de alivio era mas fuerte que sus reparos…

    “¡Toc! ¡Toc!”, sonaron los nudillos de su mano izquierda cerrada sobre la rústica puerta de madera… Sintió pasos en el interior y luego el cerrojo… La puerta se abrió y el rostro de una mujer madura ,de unos cincuenta años asomó por la misma.

    -¿Si?- le susurró una voz áspera, pero cálida… Su cara estaba extrañamente adornada: lucía el pelo recogido con un colorido pañuelo y gruesas caravanas de aro pendían de sus orejas.

    -¿”Mae” Shurema?… Necesito que me ayude… Tengo un dolor y… fiebre.

    La señora terminó de abrir la puerta y Esteban pudo verla de cuerpo entero. No mediría mas de un metro sesenta, delgada y pálida. Una túnica de gasa multicolor como el pañuelo sobre su pelo ,completaba su atuendo. El interior de la habitación lucia casi en penumbras, alumbrado solo por gruesos velones y pudo ver también algunas imágenes… Extrañas imágenes de lo que parecían ser vírgenes y santos…

    -Pasa hijo… veré que puedo hacer…

    Obedeció… La “Mae” le invitó a tomar asiento en un amplio sillón y ella misma se sentó frente a el en otro similar.

    -Se trata de mi mano… reparaba el automóvil y… La curandera le miró fijamente a los ojos como si no le creyera. Le extendió la palma abierta.

    -Tu mano derecha…¡Extiéndeme tu mano derecha!

    Esteban se sintió algo receloso de la supuesta “milagrera”…

    Pero se la extendió, envuelta como estaba en aquel pañuelo completamente húmedo de sangre fresca de su última herida.

    La bruja la tomó con suavidad y comenzó a desenvolverla lentamente hasta dejar las heridas a la vista, haciendo el pañuelo a un lado…

    Esteban mismo no había vuelto a vérselas desde que aquel demonio lo obligó a seccionarse un segundo dígito. Eran como dos orificios, dos cuencas vacias donde se supone debería haber dedos…

    “Mae” Shurema empalideció e inmediatamente se persignó.

    -¡”Acabatú”!… -gritó soltando la mano herida de inmediato-¡Vete, vete de aquí…! ¡Estás maldito, hijo, estás maldito!

    Estebán se sorprendió mas que la misma “Mae” al escuchar sus palabras…

    -Espere “Mae” por favor… Dígame mas… ¿Quién es? ¿Qué es?…

    ¡Dígamelo! ¿Cómo me puedo librar de él… de ese demonio?

    “Mae” Shurema sintió piedad de él, una piedad que la hizo serenarse un poco…

    -Hijo… Ni siquiera “Oyalá” podría ayudarte, menos aun yo, una simple servidora… ¡Tu invocaste a “Acabatú”! Y veo que tiene la mitad de su obra hecha… Y no cesará hasta terminar. Nada puedo hacer por ti…

    Esteban no tenía mas lágrimas en sus ojos. Se hallaba cansado, dolorido, arrepentido y en ese momento desilusionado: una parte de él pensó que la señora podría ayudarlo…

    -Pero…¿quién Mae? …¿Quién demonios es?

    La “Mae” bajo la vista y luego la alzó para volver a mirarlo fijamente con aquel par de profundos ojos negros, que en la penumbra parecían brillar mas que las velas…

    -Flavio Dos Santos era un muchacho negro que vivía en la ciudad vieja, en “El Medio Mundo”, cuando aún vivía gente allí… El vivía… y mataba. Cobraba por ello. Mataba con sus manos… y con el poder del “Sheme Daigón”, el “cabeza” de los espíritus “oscurecidos”, los “Noctú yallá” que habitan el “remuel”, la zona intermedia del otro mundo, la que se debe cruzar para llegar a los valles de “Oyalá” el Señor de la Luz… Cierto día, tu lo sabrás, este delincuente fue muerto por venganza, a manos de un grupo de inmigrantes italianos de la “mafia” y arrojado al “Río de la Plata”, en la bahía del Puerto…

    La hechicera hizo una pausa para encender un incienso que se erguía en una pequeña mesilla a un lado de ellos.

    -También sabrás que fue mutilado, amputados sus cinco dedos: los cinco dedos con los cuales había robado… Los cinco dedos con los cuales mataba, dedos manchados de sangre. Una vez que se ahogó los “oscurecidos” que le recibieron hicieron un trato con él. Le permitirían volver, solo para continuar matando, para llevarles almas… Y nació “Acabatú”, “el arranca dedo”, “el heraldo de la muerte”… Aquel que habita entre los dos mundos… Ese que tú, por odio has invocado… No puedo decirte mas, no me es lícito… Pero ya lo averiguarás, porque la invocación seguirá su curso…

    -Pero “Mae”… ¡jamás volveré a llamar a ese demonio! La bruja sonrio amargamente.

    -Lo harás hijo, lo harás… El odio lleva solo a mas odio, y la muerte a mas muerte… Es la ley, es el trato… Vete, ya nada mas tienes que hacer aquí… ¡Que “Oyalá” se apiade de tu alma!

    Y diciendo esto, la mujer se levantó y le señaló la puerta.

    Esteban apenas pegó un ojo en toda la noche, en su habitación , la número 20.

    Esteban se había acostado vestido… Al despertar, lo primero que hizo fue dirigirse al pequeño baño de la habitación a contemplarse el rostro en el espejo… Lucía terrible: desde que todo comenzó su cara no había probado una sola afeitada… Todo lo que tuviera filo le causaba pánico, por razones obvias…

    Miro las razones.

    Su mano, ahora hinchada y roja como un pimiento, con aquellos dos orificios negros y solo tres dedos… Las heridas habían cesado de sangrar, pero ahora supuraban, pus y un liquido verde como espuma.

    Estaban infectadas, peligrosamente infectadas… Debería concurrir a un hospital, si ,debería… Pero le harían preguntas, y sus mentiras de nada servirían ante el examen profesional de un médico…

    Abrió el grifo marcado como de agua caliente… ¡Salía helada! Tal vez fuera mejor así…¡Maldito hotel! Tomó la pastilla de jabón que descansaba a un lado de la pileta… Junto coraje y puso su mano inflamada bajo el chorro.

    Sintió casi como si se hubiera vuelto a cortar los dedos cuando el agua penetro aquellas heridas… Tomó el jabón y comenzó a limpiarlas con sumo cuidado… Despacio… Apretaba los dientes para no gritar. Luego de un breve enjuague, se la envolvió en una de las toallas que colgaban de la pared y regresó al dormitorio… Había un radio sobre la mesita de luz. No lo había visto antes…

    Bueno, por lo menos había radio… Se distraería con un poco de música, olvidaría por un instante aquel infierno… No tenía otra cosa que hacer, dudaba poder manejar ya, a la oficina no iría…

    ¡La oficina! ¡Su jefe! ¿Habría concretado Acabatú su cruel misión…?

    ¡Casi lo había olvidado! ¡Maldición, él era el responsable….Encendió el viejo radio con gran dificultad utilizando una sola mano para mover las perillas… Busco un noticiero…:

    … fhhhhhshhhh… del horrendo… fshhhh… del empresario de iniciales R.S., oriental viudo de sesenta y cuatro años el cual amaneció completamente mutilado en su hogar. El hombre vivía solo y fue hallado por la limpiadora, que extrañada por ver aun el auto de su patrón en la cochera al llegar a la mansión y disponiendo de un juego de llaves adicional le buscó por toda la casa hasta encontrarse en el dormitorio con el macabro hallazgo.

    Según el testimonio aportado por esta mujer, su jefe se hallaba completamente mutilado y sus restos esparcidos por toda la habitación… La policia descarta el robo como móvil para el baño de sangre ya que ninguna de las pertenencias del lugar se halló en falta… Cabe destacar, que…

    Esteban desenchufó el radioreceptor. No necesitaba oír más…

    ¡Debía hablar con alguien, llamar a la oficina, verificar…! Las iniciales eran las de su jefe, sí… ¡Pero que no fuera verdad, por Dios, que no fuera…!

    Levantó el tubo del teléfono y disco el 0.

    -¿Recepción?

    -Sr Gotman….

    -¡Pero , señor Píriz…! Y, ¿cómo le fue con Mae Shurema? ¡Tiene una mano bendita esa vieja!… ¿Ya se encuentra mejor?

    -Sí… Claro, mejor… ¿Podría hacer una llamada de telefono…?

    -¡Claro sr Piriz! Se lo habilito inmediatamente… pero sea breve…

    ¡TUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUTTTTTTTTTT!

    El tono de libre se hizo oír en el aparato… Digitó el número de la empresa, y luego el interno de la oficina de Carlos…

    -¡Departamento comercial buenos días!

    -¿”Cacho”? ¿Sos vos?…

    Un silencio del otro lado…

    -¿Esteban?… Loco… ¿cómo pudiste? Es cierto que el pelado era medio hijo de puta a veces pero… ¡Confesá y entregate, Esteban …!

    ¡Estás loco! ¡Era su jefe, si el empresario del que hablaba la radio era su jefe! ¡Y su mejor amigo pensaba que había sido él, el asesino…!

    Bueno,en cierta forma así era… pero…

    -¡Vos no entendés Cacho!… Esto es un infierno… ¡Acabatú, el que vos me hablaste…! ¡Existe!

    -¡Si claro Esteban, claro…! Oime, y te voy ha hablar como un amigo: lamento haberte contado aquella historia en el bar… Se ve que te agarré en un mal momento y empezaste a hacer locuras… ¡Idiota de mi que no me di cuenta que estabas en el límite!… ¡Si me pasaste hablando de cómo matar a tu mujer… y no era la primera vez…! Estallaste, loco, estallste…

    Necesitas ayuda… Prendiste fuego tu casa, te cortaste los dedos, ahora lo del jefe… Vos le tenías bronca… Pero corta la cadena acá: confesá y entregate, te lo pido por favor…

    -¡Cacho!… Yo no… Vos no entendés… Yo…

    -Claro que entiendo… Lamento tener mi cuota de responsabilidad en esto… Se vé que algo que te dije te afectó… Pero voy a enmendar mi culpa: Esteban le voy a contar a la policía de la charla en aquel bar, y de lo que me dijiste, de que planeabas matar a tu mujer…

    -¡Pero Cacho ,vos sos mi amigo!

    -Por eso mismo, por eso mismo… Es lo mejor que puedo hacer por vos… ¡click!

    ¡TUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUT!

    -¿Hola, hola… Carlos… Carlos?… -era inútil. Había colgado.

    ¡Putísima madre que lo reparió! Lo que le faltaba… Si Carlos hablaba con la policía de aquella conversación en el bar, lo relacionarían con el asesinato del jefe y el incendio, lo citarían y al ver su mano mutilada lo tomarían por loco…

    Terminaría en un asilo de por vida…

    ¡El muy hijo de puta! Todavía se decía amigo de él… ¡Y justo él, el responsable de todo lo que le estaba pasando, el que le habló de aquel ritual, el que le sugirió la idea…! De no ser por Carlos , nada de esto estaría sucediendo…

    Esteban se recostó en la cama a pensar… Si alguien merecía morir por toda esta pesadilla era Carlos, el autor de la idea…

    ¡Lindo amigo había tenido! Y ahora, encima estaba a un paso de mandarlo preso…

    Se levantó y tomo el cuchillo dentado que reposaba sobre una mesita dispuesta, junto al tenedor, en un rincón del cuarto… Miró su mano, refrescada por el lavado pero aun hinchada, miro su dedo mayor… No iria preso, no… Ni al psiquiátrico…

    ¡Y aquel hijo de puta pagaría!

    -¡”Acabatú”!… -llamó una y otra vez- ¡”Acabatú”!…

    El demonio negro apareció de excelente humor: es mas, cada vez que parecía estaba mas alegre… Su aparición invadió la habitación de un insoportable olor a corrupción y podredumbre.

    -Esteban, Esteban… ¡Sabía que no me ibas a defraudar!…

    -¡El que me defraudaste sos vos, negro de mierda…! ¡Me prometiste un trabajo limpio y sin testigos ni pruebas…! Y ahora te tengo que llamar para eliminar a un supuesto amigo que me quiere delatar…

    El moreno sonrío moviendo su cabeza de un lado a otro y jugueteando con su navaja.

    -¡Pero si mi trabajo fue limpio! Ni huellas, ni testigos, ni nada… ¿O fui yo el que se emborrachó en un bar y le contó a su mejor amigo acerca de las intenciones de matar a tu mujer?… No amigo, fue tu error, no el mío… Acabatú cumple sus trabajos… profesionalmente… Como este último… ¿qué te pareció?

    Escuchaste la radio ya, ¿no es cierto? ¡Había que verlo al viejo chillar mientras mi navaja le cortaba las pupilas y los huevos Jajaja… La verdad es que con tu jefe me divertí un poco mas que de costumbre…

    Esteban cerró los ojos. No quería oir mas. Quería que todo fuera rápido… Los abrió. Apenas podía contener el vomito al ver aquella espantosa visión, aquel cuerpo negro y corrompido como un cadáver, con las cuencas vacias, vestido de harapos y chorreando sangre por aquella mano que lucía ahora dos dedos…

    ¡sus dedos, blancos y frescos!

    -Carlos… Mi antiguo amigo… Esa es la persona…

    -Ya sabes el precio, Esteban… Es el turno del mayor… El “central”.

    -Lo sé maldito, lo sé…

    Rápido, debía de ser rápido… Luego se lavaría, sino la infección seguiría avanzando… ¡Y ya no volvería a llamar a aquel negro del infierno!

    Agarró fuertemente el mango de plástico del cuchillo de cocina… Apoyo el filo dentado sobre la unión de su dedo mayor con la mano… Y lo deslizó fuerte y rápidamente… ¡Nuevamente aquel dolor, aquel insoportable dolor!

    Pero el dedo no cedió al primer intento, según pudo contemplar horrorizado Esteban. Colgaba aún de su mano, unido por un trozo de ligamento, aunque el pequeño hueso asomaba blanquecino por entre la sangre y la piel rasgada… Respiró hondo y serrucho con los dientes del cuchillo aquella unión… Esta vez sí.

    Nuevamente el dedo se desprendió y fue tomado en el aire antes de tocar el suelo, por la ágil mano de “Acabatú”, que con síntomas evidentes de felicidad lo colocó en su lugar correspondiente, allí en su propia mutilada mano, a la cual como siempre se unió misteriosamente…

    ¡El maldito ya tenia tres dedos en su mano, tres dedos… uno mas que él, su víctima, a la cual solo le quedaban ya el “índice” y el “pulgar”!

    -Gracias, Esteban… Tenés unos dedos muy bonitos… ¡Realmente me estás dando una mano! ¡Jajajaja!

    Esteban tomó la funda de una de las almohadas mientras el negro seguía hablando atrás de él… No soportaba el dolor…

    -Nos veremos pronto amigo… En el próximo… ¡Ya casi completas mi mano…! Y entonces….

    -¡No habrá próximo!, ¿me escuchás?…..No habrá…próximo…-gritó Esteban anudándose la funda a la mano, horriblemete mutilada…

    -La muerte lleva a mas muerte, Esteban… Ya lo sabrás… Esta noche haré el trabajo…

    Y diciendo esto, desapareció como había aparecido: de la nada y hacia la nada… Ni humo, ni rayos, ni nada… Se evaporó, dejando como siempre a Esteban con un doloroso recordatorio en su mano…

    La tarde transcurrió gris. Esteban dormitó todo el día afiebrado y con “chuchos” de frío sobre la cama, en medio de pesadillas, y alucinaciones producto de la fiebre… Y repasó mentalmente todo lo vivido durante la última semana…

    En su corazón, deseó con todas sus fuerzas poder volver atrás en el tiempo, a aquella noche (¿cuánto había pasado desde aquella noche: años… meses… solo días?), volver atrás y no detenerse, manejar su vehículo hasta su hogar (¡hogar!), soportar las puteadas de aquella mujer que aparecía ahora en el recuerdo casi como una beldad y dormir en paz junto a ella la borrachera…

    Pero si algo tiene de cruel el tiempo, es su fatalidad, lo irreversible de su transcurso… Se sentía como un asesino (lo era). Ya había muerto su esposa, su jefe y seguramente su amigo Carlos estaba a punto de hacerlo…

    Pero luego todo habría terminado. Tenía que reponerse, física y mentalmente. Disponía de un mes de licencia antes de retomar su labor en la oficina, con algún nuevo jefe al timón…

    Tal vez podría superarlo… Con tres dedos menos en su mano, pero podría superarlo. Hacer su vida nuevamente, olvidarlo todo… Con el tiempo, se transformaría en una lejana pesadilla: “Acabatú”, aquel sucio hotel… También existían las prótesis para sus dedos faltantes…

    Tal vez todo fuera mejor que antes… No lo sabia… Pero al menos ahora tenía un respiro para desearlo. Y estaba hambriento: decidió tomar el teléfono y encargar un pizza, luego de consultar al encargado acerca de alguna “rotisería” cercana al hospedaje, con servicio de entrega a domicilio…

    Debía comer, ¿cuánto hacía que no comía…? Debía comer…

    Mañana compraría antibióticos en la farmacia, alcohol, vendas…

    ¿Cómo no se le ocurrió antes? Y unas aspirinas claro…

    Sanaría, si, sus heridas cicatrizarían y luego solo sería un manco mas, con una terrible historia dentro suyo…

    ¡Quien sabe cuantas de las personas que conocía, que veía por la calle con dedos cercenados no habían vivido lo mismo que él! La maquina de picar carne, la sierra de la carpintería… ¿Cuántas de esas historias serían verdad? Empezó a ennumerarlos: El lustrabotas de la esquina de la oficina… Le faltaban tres dedos, como a él mismo ahora, y los mismos dedos… Según le comentó una tarde mientras le cepillaba los zapatos oscuros de charol, se lo había hecho en el ejercito, en una práctica, con una granada de mano activada por error… y que por eso le dieron la baja y lustraba calzado… Pero Esteban ahora recordó patentemente su gesto de espanto cuando le pregunto curioso por aquellas mutilaciones… Y el diariero que repartía en la zona de su casa: a ese le faltaban solo dos dedos…

    -¡Cuando trabajé en la construcción un balancín me los arrancó! le había contado cierta vez… Pero… ¡justo el “meñique” y el “anular”!

    ¿Serían verdad aquellas historias? ¿Cuántos de los mutilados de los dedos que habían en la ciudad habían invocado a “Acabatú”?

    ¿Cómo se habían librado de él…? Si ellos lo habían hecho, el también podría…

    Lo que nunca vió fue a alguien mutilado de sus cinco dedos.

    Esforzó la memoria, pero no… O mutilados de una mano entera, o de algunos dedos, pero nucna de los cinco dedos…

    ¿Qué sucedía si uno terminaba entregándole los cinco dedos a “Acabatú”?

    Porque el demonio de piel negra parecía muy interesado en que así fuera… ¿Qué sucedería…?

    El no lo averiguaría por supuesto… No pensaba invocarlo mas… pero en el fondo sintió curiosidad. Una morbosa curiosidad…

    Se miró la mano herida y movió los dos dedos que aún le quedaban.

    Apenas podía hacerlo: la piel estaba tirante, y aun le sangraba algo la última herida… Se sentía débil. necesitaba alimentarse, sin dudas…

    ¿Qué pasaba con esas pizzas que no llegaban?

    Pasaron dos días y Esteban estaba algo mas repuesto… Apenas había abandonado la habitación del hotel para ir hasta la farmacia a comprar las sustancias que por fin le libraron de una parte de su dolor.

    La hinchazón de su mano había aflojado y decidió que era un buen momento para visitar aquella, la que había sido su casa, nuevamente… No tenía seguro, apenas que le daba el sueldo para pagar las cuotas de la hipoteca, pero debía hacerse presente, ver ahora con la mente fría el estado real de la vivienda y comenzar a pensar en su reparación para venderla prontamente…

    ¡Ni hablar de volver a vivir allí! Tomo un taxi al salir del hotel, esa mañana (¡ni pensarlo que conduciría con solo dos dedos en su mano diestra y menos en el estado en que aún estaba!) y en menos de quince minutos estaba ante las puertas de su antiguo hogar… Pero no se imaginó nunca encontrar lo que encontró…

    Allí en la puerta de su antigua casa, completamente carbonizada por las llamas, estaba la figura de un hombre, bien vestido, arrodillado y depositando una flores en el negro umbral y al parecer llorando…

    Esteban pagó el importe del viaje y descendió sin perder de vista al sujeto… Se acercó lentamente a lo que en algún momento había sido la entrada a su vivienda. El sujeto de las flores, se percató de su presencia y lo miró, primero asombrado, luego enfurecido, incorporándose y enfrentándolo: -¡Es usted!… No lo puedo creer… ¡Maldito, es usted!… No se crea que me tragué el cuento ese del gas y el cortocircuito… ¡Se perfectamente que usted la mató…!

    Esteban no conocía al sujeto… ¿Quién mierda era, para venir a gritarle así en la puerta de su propia casa, quemada pero propia al fin de cuentas?

    -Disculpe… No tengo el gusto de conocerle y además…

    -¡Claro que no me conoce…! ¡Usted no conoce a nadie…! Si vive borracho, maldito monstruo… Ella me lo había contado…-bajó su vista hacia las flores sobre los escombros tiznados- Que la golpeaba, que había amenazado con matarla… ¡Pobre Angela!

    Era una mujer estupenda… ¡Una joya en manos de un monstruo!

    Allí sí que Esteban comprendió todo… ¡Se trataba de un amante!

    ¿Quién lo hubiera dicho de la mosquita muerta de su esposa? ¡Un elegante, amable y joven amante! Mientras el trabajaba o estaba con Carlos, la perra se conseguía compañía…

    Sintió la sangre hervir en sus venas nuevamente y el remordimiento alejarse rápidamente…

    -Así que usted…

    -¡Si, yo, yo la amaba… no como usted! E íbamos a estar juntos, ella no soportaba más… ¡Pero la mato, sé que la mató¡ ¡Por algo no estuvo en toda la noche…! La mató usted mismo… o la mandó matar, cerdo, monstruo… ¡Es lo mismo!

    Era más de lo que Esteban podía soportar… Deseó golpearlo… Pero, con la diestra no podía: le hubiera dolido mas a él, el golpe, que a su adversario, el amante de su difunta y puta esposa… Pero lo intentó con la izquierda… El hombre lo detuvo aferrándole el puño con fuerza…

    -¡Quieto animal! Yo la vengaré… a mi Angie… pobre- y sin soltarle la mano sana, busco entre sus ropas y sacó una pequeña pistola automática…

    ¡Mierda! ¡El tipo se había vuelto loco!

    -¡Ahora pagarás, maldito, pagarás por Angela… y estoy al tanto de lo de tu jefe también…! ¡Y escuché lo de un compañero de trabajo tuyo esta mañana…! ¡La prensa dijo que se suicido, ahorcándose…! Pero yo sé bien que eres tú y pagarás…

    Esteban sintió el miedo subir por la espina dorsal mientras el sujeto martillaba el arma, torciéndole la muñeca y obligándolo a arrodillarse… ¡Por favor que pasará alguien por allí! ¿Por qué la calle estaba tan desierta?… Como si el individuo hubiera adivinado su pensamiento, miró brevemente hacia atrás y le ordenó:

    -¡Levántate y entra puerco…! ¡Entra y mira tu obra!

    Esteban obedeció, no tenía otro remedio… pateando y esquivando escombros atravesó el umbral con el sujeto detrás, sintiendo el frío metal en su nuca… ¡Estaba perdido!

    -Camina,.. camina y mira Esteban Píriz… ¡Mira lo que has hecho! Acá sufrió mi pequeña Angie… ¡Abrazada por las llamas, maldito demonio!

    ¡Las llamas que tu encendiste!

    El hombre empujaba a Esteban y este veía con horror adentrándose mas y mas en la oscuridad , las paredes, los pisos de “parquet”, los techos, todo teñido de un siniestro color sombra, regado por un insoportable olor a quemado y humedecido por el agua de los bomberos…

    -¡Detente!… Me parece mentira haberte encontrado… Que tu conciencia te halla permitido volver… ¿Cómo te sientes ahora, hijo de mil putas?

    ¡Aquí mismo te hallarán algún día…! Tu cuerpo… Deberías morir calcinado como ella para que se hiciera justicia, no mereces una muerte tan rápida…

    Esteban se detuvo: comprendió que el fin se acercaba y que tal vez lo merecía…

    -Ahora date la vuelta y mírame de frente… ¡Y arrodíllate nuevamente, esta será tu tumba…!

    -Pero… -Esteban había comenzado a quebrarse emocionalmente mientras obedecía, era lo único que le faltaba. ¡Enterarse de que su mujer tenía un amante y que este lo terminara matando!…

    -Pero, escucheme… ¡Piedad!… Usted no entiende… Yo no fui… Yo no…

    -¡Claro que no fuiste tu, te creo…! ¡Cínico! Ni siquiera en la hora de tu muerte te arrepientes y confiesas… ¡Me da igual! Tu y yo lo sabemos…

    Esteban juntó sus manos sobre el pecho… Le dolían ahora las rodillas ya que estaba mal apoyado sobre un pedazo de viga desprendido del techo… Fue entonces que recordó… ¡Sus manos! ¡”Acabatú”!… Aún le quedaban dos dedos… Solo esperaba que no demorará en cumplir el trabajo…

    -¿Tienes algo que decir antes de morir, gusano? -le dijo el desconocido apuntándole justo a la frente…

    Esteban sonrió triunfalmente… Desenvolvió la gasa que cubría su mano derecha y extendiendo el dedo índice lo descansó sobre el filo de la viga en la que estaba arrodillado… El hombre no dejaba de apuntarle, pero estaba atónito y sorprendido por lo que Esteban iba a hacer… Tomar un trozo de duro revoque y golpearlo con su mano sana sobre aquel dedo apoyado en la viga, a manera de hacha… No tenía tiempo para pensarlo….Un golpe, dos golpes, tres golpes…El cartílago cedía…

    Fue el corte que mas le dolió de los cuatro, pero era una cuestión de supervivencia, Esteban lo sabía…

    -Si tengo algo que decir… -continuó mientras terminaba de golpear su mano con la piedra y el filo de la viga se introducía en cada vez mas en la carne… -¡”Acabatú”!… ¡”Acabatú”!…

    El hombre bajó un poco el arma intrigado… ¿Qué hacía este asesino cortándose el dedo contra un trozo de hierro y gritando aquel extraño nombre? ¿Era una treta, o se había vuelto loco?

    -¡”Acabatú”!- continuó llamando Esteban, y el dedo por fin cedió del todo, rodando por el canto de la viga hasta un lado de su cuerpo, Lo tomo con la mano izquierda y lo levantó completamente dolorido pero feliz.

    Al alzar la vista ,allí estaba , a las espaldas del sujeto armado… El también sonreía… ¡Nunca se había alegrado tanto de verlo como esta véz! Ante la sorpresa de el hombre, Esteban arrojó aquel dedo aparentemente hacia él mientras gritaba:

    -¡A él Acabatú, al hombre del arma…! ¡Al amante de mi puta esposa!

    El moreno le hizo ironicamente un saludo tipo militar, tomando en el aire el dedo que Esteban le había arrojado…

    El sujeto aun no había visto la amenaza que se cernía a sus espaldas, pero al escuchar su voz, inmediatamente se dio vuelta solo para quedar paralizado por el espanto:

    -¡Amo el pago por adelantado…! dijo el negro colocándose su nuevo dedo en el lugar- ¡Gracias, Esteban!….¿Así que lo querés ahora mismo, no? ¡No solo te daré el gusto… sino que satisfaré el odio que tenés en tu corazón!

    Y diciendo esto tomo al sujeto por las solapas con su mano izquierda, con una fuerza sobrenatural, quitándole la pequeña pistola de la mano con la otra, ahora casi completa… Así elevado, unos quince centímetros del suelo, “Acabatú” le acercó el arma de fuego a la entrepierna…

    -¡Jajaja! Esto es diversión… ¿Así que interfiriendo en mi ciclo? Ya sabrás lo que es el odio, “pendejo”…

    El sujeto pataleaba en el aire horrorizado… Y Acabatú accionó el gatillo, detrozándole los testículos que quedaron regados con trozos del pantalón y del calzoncillo por toda la pared.

    Contrario a lo esperado, no gritó… El dolor fue tal, que sus labios se comprimieron en una grotesca mueca, inflándose sus mejillas como para contener el aire y dejando escapar luego un prolongado gemido…

    “Acabatú”, tomándolo de la cabeza con su mano completa, lo giró como un títere para que Esteban lo viera…

    -¿Qué le parece a mi cliente este trabajito? Espere, espere que todavía no terminé…

    Del techo pendián unas puntas, unas varillas de hierro, parte de lo que en su momento fue la planchada y el piso del cuarto superior… “Acabatú” elevó aquel cuerpo herido y aterrorizado, aquel hombre que se agitaba desesperadamente mientras sus manos trataban de frenar la hemorragia de sus genitales en vano, hemorragia que le embebía en sangre los pantalones… El siervo de la muerte le acercó la cabeza a una de las varillas. Pero no lo clavó en esta rápidamente, no… Lo fue presionando de a poco, dejando que el hierro se abriera paso: primero entre el pelo, luego por el cuero cabelludo, luego en el cráneo (lo que costo mas, sin dudas) y por último a través del cerebro… Y de allí para abajo. La varilla tenia como un metro de saliente…

    -¡A veces logro embocarle a la espina dorsal y llevarla por la médula sin que se mueran…! ¡Vamos a ver si hay suerte hoy…!

    Y esta vez si que el hombre gritó, por lo menos hasta que el hierro partió sus cuerdas bucales en su incesante camino a la columna vertebral…

    Fue afortunado: murió cuando la varilla llegaba a la quinta vértebra, contando desde arriba, sustituyendo grotescamente su médula y destrozándola.

    Pero pese a su odio, Esteban no fue capaz de mirar.

    El morocho soltó el cuerpo inerte, y este se desprendió de la varilla cayendo pesadamente al suelo, sobre los escombros, dejando el cilíndrico hierro sucio de sesos y médula…

    Esteban abrió los ojos cuando el silencio le indicó que todo había terminado… Pero “Acabatú”, ya no estaba allí… sin embargo podía escuchar aun en el silencio de las ruinas, el eco de su risa… Recién ahí se acordó de su propio dolor: el de su índice seccionado, aquella fea abertura junto al único dedo que le quedaba en la mano derecha… un “pulgar” solitario, que movió como un gordo y feo gusano…

    Ni curarse, ni antibióticos, ni hospitales… Lo que Esteban necesitaba era un trago… Por eso la hizo sencilla: tomo su encendedor y acercó la llama a la herida fresca ,obligándola a que parara de sangrar y luego salió desesperado en busca de un taxi, que lo llevara, primero a un almacén para comprar un buen litro de Grappa y luego a la paz de su habitación en el hotel…

    La “Grappa” la consiguió…

    Pero en el hotel le esperaban problemas…

    El rechoncho encargado le salió al cruce con una bolsa de plástico:

    -Acá tiene sus pertenencias…¡Marchese! Hoy la policía lo estuvo buscando en relación al homicidio de un compañero de trabajo suyo y de su jefe… ¡Vieron su auto estacionado afuera, ese que hace días dejó abandonado! ¡No quiero problemas…!

    -¡Pero señor…!

    -¡No me debe nada amigo…! Ya le hice un favor diciéndoles que no le había visto en todo el día, y le estoy haciendo un favor avisándole… ¡Márchese ahora! Le advierto que estoy armado… No me importa si usted es culpable o inocente… ¡solo váyase!

    Esteban no tomó la bolsa… ¿Para qué? Necesitaba tener su, prácticamente, única mano libre… Y además… ¿para qué mierda queria su ropa adicional? Con la puesta le alcanzaba…

    Se dirigió a la calle. La policía le buscaba: cuatro muertes pesaban sobre su conciencia y en la mano derecha solo le quedaba un dedo… Algo de todo esto le delataría: no podían encontrarlo… Pero ¿adónde huir, hacia donde?

    Se dirigió como un vagabundo mas a los bajos, a la zona portuaria, bebiendo con intensa sed de olvido desde el pico de aquella botella… Quería ahogar de una vez todos sus dolores…

    Comprendió que había sido un títere ,una víctima de ese ser infinitamente astuto…

    Era parte de un juego… Lo comprendió…

    La muerte lleva a mas muerte y comprendió el final… el único final posible… Encaminó sus pasos hacia la bahía, hacia aquel muelle donde apareció la entidad por primera vez… Todo terminaría donde empezó…

    Bebió toda la tarde, escondido entre unos contenedores vacios, mirando el vuelo de las gaviotas sobre el horizonte… Vació la botella, contempló el mar… Ya no sentía la herida, no sentía mas nada… No deseaba mas nada. Solo quería que llegara la noche y que todo terminara… para siempre.

    Y la noche llegó.

    La hermosa noche del puerto de Montevideo, con aquel enorme sol rojo poniéndose a lo lejos, tiñendo de fuego el mar, tapando el desagradable olor a pescado y a hierros oxidados…

    Y Esteban lo pronunció por última vez:

    -¡”Acabatú”!…

    Esta vez el negro apareció sentado a su lado… De improviso como siempre… Esteban ni siquiera se inmutó… Estaba ebrio y además ya nada le importaba…

    -¿Si mi amo? -le dijo el negro cruzando irónicamente los brazos sobre el pecho como si de un genio árabe se tratara brotado de una lampara mágica…

    Esteban rió por la ocurrencia…

    -Acabatú… Acabatú… -murmuró sonriendo- ¡Has liquidado mi vida negro de mierda!… Pero la culpa es mia…

    El moreno acercó su rostro al de él… El olor que llevaba encima era peor que el del pescado, peor que el de mil cementerios… Era el olor de la corrupción, de la mierda, de la muerte…

    -No es cuestión de culpa… ¡Es cuestión de odio! Ni la culpa, ni el amor ni ningún otro sentimiento mueve a la humanidad…

    ¡Solo el odio!

    Progresan por odio, trabajan por odio, matan por odio… ¡Mi existencia la debo al odio, tanto como mi muerte! Tu lo entenderás… Ahora, pronúncialo… Dime el nombre…

    Esteban sonrio amargamente.

    -Esteban Píriz…. ¡Quiero que mates a Esteban Píriz! ¡Que me mates y termines mi dolor!

    “Acabatú” río.

    -No me has defraudado Esteban… ¡Has cerrado el cículo! Sabía que tu lo cerrarías… En el fondo el odio era hacia ti mismo… Tomá… ten mi navaja y termina de pagar el precio… -Un momento… -balbuceó Esteban en el vapor de su borrachera -Antes explicame… simple curiosidad…¿Para que quieres los dedos?

    El moreno extendió su mano derecha. Solo le faltaba el pulgar ahora…

    -Los dedos de Flavio estaban sucios de sangre… Los “tanos” los cortaron. Pero los oscurecidos establecieron una regla… El odio de la humanidad era tal, que necesitaban formar una nueva legión… y yo soy algo así como un centro de reclutamiento…

    Este cuerpo corrupto que tu vez, es como una puerta de entrada… No es fácil. Ni para mi, ni para ustedes…

    ¡Me tomó bastante tiempo cerrar el círculo!

    -Pero …¿y los mutilados que uno vé…?

    -Caminos a medio hacer… A veces las cosas no salen como las deseas, como salieron en este caso… Pero pronto sabrás mas…

    ¡Toma! ¡Cierra el círculo!

    Esteban contempló la navaja. Decidió usarla como guillotina abriéndola y cerrándola de golpe sobre el pulgar… Dado el tamaño del dedo fue el corte que mas le costó… pero su grado de alcohol era tal que apenas lo sintió… Lo sacó dándole un tirón y se lo entregó en la mano a su inquietante acompañante…

    El moreno se veía feliz y de tener ojos le estarían brillando en ese momento… Colocó el pulgar en el último lugar libre de su mano… y esta quedó completa, con cinco dedos blancos que lentamente fueron cambiando el color, oscureciéndose como el mar…

    -Llegó la hora Esteban… Levantate…

    Esteban se incorporó con dificultad…

    -¿Cómo la harás…?

    -Hay solamente una forma para esta etapa… El pulgar cierra el círculo,Esteban…

    -¿Cuál?- murmuró Esteban contemplando su mano sangrante, vacía de dedos.

    -La misma que al comienzo…

    Acabatú no respondió mas… Al menos no con palabras… Lo abrazó y lo alzó en sus brazos, como si fuera un bebé…

    Elevó su rostro al cielo oscuro y se acercó a la bahía…

    Esteban no podía resistirse, no tenía fuerzas, no tenía ganas…

    Solo quería morir y terminar con todo…

    Sintió la brisa del mar en el rostro, los pasos del moreno hasta el muelle, hasta el borde, el sonido del mar debajo, las olas rompiendo contra los muros de hormigón…

    Y escuchó las palabras:

    -Acabatú siendo yó ¡Nos veremos algún día en el “Remuel”, Esteban, pronto si eres hábil… junto al “Sheme Daigon” y a Flavio, el primogénito de la nueva legión!

    Luego se sintió caer, sintió el golpe del agua helada en su espalda, sintió como el fondo del mar lo arrastraba… Como multitud de extraños peces se agolpaban en torno a su rostro, mordisqueándole los ojos…

    Se retorció de dolor mientras sus pupilas se deshacían lentamente, mientras su mano herida tomaba contacto con el salitre del mar… Una extraña luz parecía rodearlo y los vio… A su alrededor… Supo quienes eran. Los oscurecidos… una especie de negros sin cuencas en los ojos… Le rodeaban nadando y riendo como “Acabatú”, emanando luz…

    Una extraña luz… Luz que le permitió ver su propia piel transformarse, antes que los peces, esos infernales peces acabaran con sus ojos, la vió oscurecerse, corromperse…

    Volverse negra…

    Y recordó las palabras del moreno antes de arrojarlo, palabras que en la borrachera pensó eran una frase ritual en otro idioma:

    “Acaba tú siendo yo”… Luego la luz se apagó para Esteban…

    Solo vio tinieblas… Y así sería, hasta que alguien, impulsado por el odio le llamara, pronunciando su nuevo nombre…

    FIN.

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