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El Amigo de mi Hija

Autor: Bernardino Anguiano García (NINO).

Le miró detenidamente, su aspecto era tétrico, muchas veces le había observado, era como una obsesión; siempre que estaba al alcance de su vista, una poderosa fuerza maligna le obligaba a mirarle y en cada ocasión que lo hacía descubría algo más, más detalles que confirmaban sus sospechas ¡Era un ser maligno que quería destruirle!.

Ese misterioso ser que a primera vista parece inofensivo, pero, Marcelino sabía que en el fondo era un ser abominable ¡No lo soportaba! ¿Por qué tolerar su presencia? Ya una vez se quiso deshacer de él, pero, su esposa e hija se lo impidieron ¡Era el mejor amigo de su hija!.

Recordaba ese día, en que lo estrujó con los brazos y lo aventó contra el suelo, su hija de seis años, le empezó a golpear en el pecho, gritándole: ¡Malo, eres malo!, déjalo, ¿él que te hace?, ¡es tan inofensivo!. Recordó como golpeó a su hija apartándola a un lado y como con saña pateaba a su amigo cuando estaba en el suelo y como los gritos de su mujer gritándole que se detuviera, habían llamado la atención de los vecinos; éstos llegaron a auxiliarlas, y las malditas brujas de sus vecinas gritaban: ¡esta loco, sujétenlo, esta loco! Pero que sabían ellas, ellas no lo tenían todo el maldito día metido en su casa, todo el maldito día al lado de su hija.

Su mente viajó a la ocasión en que estaba con sus amigos, todos estaban felices; Marcelino, le dio una última y fuerte bocanada al cigarrillo que tenía entre sus manos, sintió como el humo llenaba sus pulmones, lo disfrutó un momento y al soltar el humo ¡Lo vio! ¡Ahí estaba sonriéndole! Parado frente a él. Sus amigos corrieron al llegar las patrullas, ¡era una redada! Pero él, estaba absorto ante la presencia del enigmático ser, quiso correr, pero la mirada siniestra de él, se lo impidió Y la policía lo detuvo, y tuvo que esperar 3 días para salir de la cárcel Y todo por culpa del amigo de su hija.

En una ocasión hasta el secuestro utilizó para deshacerse de él. Sí, lo había secuestrado, nadie se dio cuenta, se lo llevó a un lugar desolado, lo golpeó y lo abandono a su suerte Pero inexplicablemente al día siguiente estaba otra vez en su casa, como si nada hubiera ocurrido ¡Ni siquiera lo delató! Misteriosamente los golpes propinados habían desaparecido En ese momento se dio cuenta que era un ser venido del mismísimo infierno, y sobre todo, se dio cuenta que quería destruirle, ¡Corría peligro! ¡Debía andar con cautela! ¡Cuidarse lo más posible del demoniaco amigo de su hija!.

Una vez que estaba solo con él, le gritó: ¡Que quieres de mí! ¿Porqué me atormentas? y el ser infernal le contestó: ¡Tu alma, maldito perro!. En ese instante se le iluminaron sus bestiales ojos y se abalanzó sobre Marcelino, este como pudo, se libró de él y salió corriendo aullando despavorido. Le comentó lo sucedido a su esposa pero ésta como siempre no le creyó, le dijo que era imposible, el amigo de su hija no hablaba ¡Era mudo!.

Desde ese momento, Marcelino tenía fijo en la mente, el destruirle, a como diera lugar, tenía que eliminar al amigo de su hija.

Esa noche llegó a su casa, estaba cansado, se dirigió a su dormitorio, vio a su esposa dormida al lado izquierdo de la cama, el lado derecho estaba disponible para él, se sentó en el borde del viejo colchón y encendió un cigarrillo, es el último de este día, se dijo. Las luces estaban encendidas. Cuando se acabó el cigarro, se recostó, apagó la luz y cerro sus ojos; no llevaba ni un minuto, cuando escuchó un ruido, ¡alguien estaba dentro de la casa! Quiso abrir los ojos, pero no pudo; sentía una pesadez enorme; hizo otro intento y al fin abrió los ojos; se sentó en el borde de la cama y escuchó con atención Otro ruido, provenía del cuarto de su hija Se deslizó con sigilo hasta donde se encontraba ella, al abrir la puerta, un escalofrio recorrió su columna vertebral, desde el coxis hasta la nuca. Enfrente, su hija dormía abrazada a su amigo, éste movió su cabeza y le miró fijamente, con una gran sonrisa.

Inmediatamente encendió la luz Esperaba que sin la oscuridad reinante, el maquiavélico ser desapareciera Pero no fue así Ahí estaba, sonriéndole. Una gran cantidad de imágenes se agolpó en su cerebro, ese depravado, todas las noches a solas con su hija.

-¡Desgraciado, ya me tienes hasta la coronilla! ¡Te voy a matar, maldito! Le gritó iracundo, Marcelino-.

Marcelino lo sujetó de la cabeza y lo lanzó hacia una silla, sacó su navaja y fuera de sí, se abalanzó sobre él. Su hija se despertó y al ver lo que hacía le gritó:
-¡Papá, papa! ¡Déjalo, por favor! ¡No lo hagas papá! ¡Jamás te lo perdonaré!

Pero Marcelino ya no escuchó los gritos de su hija, su mano descargó una y otra vez las puñaladas en el centro del pecho del amigo de su hija, al final lo aventó hacia el centro de la habitación.

Marcelino escuchó una carcajada en su cerebro, y vio con horror como la criatura que acababa de navajear se levantaba del suelo con su eterna sonrisa y caminando lentamente se acerco a su hija y la abrazó y vio con espanto como se fue introduciendo en su cuerpo hasta que desapareció Su hija tuvo algunos espasmos y luego sufrió una espantosa metamorfosis, adquiriendo las facciones de su amigo, le cambió la voz, se le volvió ronca y tétrica y le gritó:
-¡Maldito! ¡Pagaras caro lo que has hecho!
-¡Tú no eres mi hija! respondió asustado Marcelino-. ¡Eres un maldito ser del infierno, apártate o te mataré!
La combinación hija-amigo se abalanzó sobre Marcelino, pero éste, la sujetó del cuello y le enterró la navaja.

-¡Te cortaré la cabeza, maldito! Gritó Marcelino-.

Y sin soltarla empezó a deslizar la navaja alrededor de la cabeza, los gritos aberrantes que emitía el ser, se callaron, y fueron sustituidos por unos grotescos sonidos guturales. Marcelino seguía cortando, hasta que la cabeza se desprendió. En ese momento una luz salió del cuerpo sangrante y escuchó otra carcajada en su cerebro.

Al volver la vista, estaba el amigo de su hija sentado en el suelo con una sonrisa. Marcelino contempló la cabeza que sujetaba en sus manos y vio con horror que era la de su hija, vio el cuerpecito de su pequeña, lleno de sangre Había matado a su hija ¡Y todo por culpa del maldito amigo de ella!.

Marcelino escuchó un grito aterrador a su espalda, al voltear, estaba su esposa llorando e increpándole lo sucedido:
-¿¿Qué has hecho desgraciado?? ¡Maldito, mil veces maldito! ¡¡¡ Mataste a nuestra hija, malnacido!!!
El amigo de su hija corrió hasta donde se encontraba su esposa y la abrazó. Y al igual que su hija, se fusionó con ella. Marcelino ya no pudo soportar más y le gritó lleno de ira:
-¡Maldito, deja a mi esposa! ¡Has matado a mi hija y ahora quieres matar a mi mujer!
Como contestación solo obtuvo una carcajada retumbando en su cerebro. Marcelino luchó contra la demoniaca mutación, cada vez era más fuerte Pero al fin le incrustó una y otra vez su navaja, otra y otra y cien veces más Cuando la puerta fue derribada y un grupo de policías entró, Marcelino no comprendía por qué lo golpeaban los representantes de la ley, si él era el héroe, él había matado a un demonio, se los gritaba en su cara, pero no entendían, solo lo golpeaban.

Lo golpearon hasta dejarlo inconsciente, lo esposaron y se lo llevaron preso.

El médico forense, no pudo reprimir su asombro por lo aberrante del asesinato.

-¿Qué demonios pasa con esta maldita sociedad? ¿Por qué matar a una niña inocente de tan solo seis años con tanto odio? Le dijo el forense al detective a cargo-.

-¡La maldita droga, mi doc. ! El asesino es un desgraciado mariguano Ya varias veces había caído por golpear a su familia Pero estas gentes no entienden, doc. Creen que se les pasará tarde que temprano, creen que no necesitan ayuda para dejar el maldito vicio Es por eso, doc. ; que luchamos hasta el cansancio contra el narcotráfico, ese maldito cáncer que acaba con nuestra sociedad-

-¿Dónde está el otro cuerpo? Aquí solo hay dos, el de la esposa y el de la hija.
-Pues ¿Cuál cuerpo? , doc.
-El asesino dijo que había matado al amigo de su hija, ¿Dónde está?
-Esta mariguano, doc. ¡No le haga caso! El se refiere a él a eso.

El médico forense miró con curiosidad a donde señalaba el detective, una cruz en cada ojo, una gran boca roja y una pelota de nariz Allí estaba el payasito de trapo, el mejor amigo de la hija de Marcelino.

Fin.

Escrito en November 16, 2020
[ relato  ]